Y se pasa la vida…

  Foto atardecer“El placer es una canción de libertad, /pero no es la libertad. / Es el florecer de sus deseos, /pero no es la fruta de los deseos. / Es una profundidad llamando a la cima, pero no es ni lo profundo ni lo alto”. Esta cita pertenece al poeta libanés Khalil Gibran, y en ella nos habla del placer como  acto de deseo.  Pero  está muy lejos de la alegría, que es el sentimiento que nos da verdadera satisfacción.

El placer es la satisfacción de deseos como: tener éxito social, ganar mucho dinero, el sexo, las adicciones al juego o  a las drogas…. En el acto del placer nada cambia en  nuestro interior y, al finalizar la excitación, puede producir desilusión, porque termina. Y se nos pasa la vida enganchados  a pequeños placeres, cuyas satisfacciones tardan el tiempo de un suspiro. Nos conformamos con tan poquita cosa, y nos convertimos en esclavos de nuestros deseos. Somos seres adictos que tienen miedo a la soledad, a la tristeza, a enfrentarnos a las adversidades y a nuestra propia realidad. Porque la imagen que deja el placer es un espejo roto en mil pedazos, donde se pierde toda identidad.

La alegría es un sentimiento que expresa  lo productivo de nuestras facultades humanas esenciales, no es el éxtasis momentáneo, sino el resplandor que acompaña al ser.  El filósofo  Spinoza otorga a la alegría un lugar supremo en su sistema antropológico- ético, cuando dice que “La alegría es la transición del hombre de una menor a una mayor perfección.” Dejamos de buscar la alegría como realización personal, porque encontrarla supone un gran esfuerzo, y es un reto difícil de alcanzar.

El placer y la alegría son dos hermanos gemelos: el primero nos engaña con la facilidad con que ofrece cumplir el deseo que tenemos, pero nos deja ansiosos. El segundo nos muestra el camino rocoso que debemos de andar para encontrarnos. Porque no hay mayor perfección que la alegría de conocerse uno mismo.

 Y se pasa la vida cabalgando a lomo del tiempo, de estación en estación, bajándonos de una para subirnos en la siguiente, y sintiendo pequeños placeres, pocas alegrías y muchas tristezas que superar.  Estaciones como el poeta describe: “La niñez  es el sueño gozoso de un jardín / en invierno, latente, a la espera de despertar. […] La juventud es la búsqueda de lo incierto, la rebeldía / contra el espejo viejo que le mira. […]  Soy yo, el hombre. Soy yo la mujer. / Somos partícipes de una herencia, hijos del agua y de la tierra. […] La vejez como premio de un camino andado / buscando las entrañas del océano. Retorno / al origen de la naturaleza perdida”.

Estos versos nos hablan de las distintas etapas de nuestra existencia, y nos invitan a reflexionar sobre la vida: a valorar la satisfacción que da bajarse de una estación y subirse en otra, porque se ha llegado. Que es motivo de alegría ver amanecer y esperar la puesta del sol. Nos hacen pensar en aquellas cosas importantes que nos producen verdaderas satisfacciones: ver crecer los hijos, los nietos, y compartir la herencia recibida. Que el secreto de la alegría de vivir está escondido en esas pequeñas acciones que  hacemos y no  cobramos por ellas, pero que nos llenan de regocijo.  Está también en dar las gracias por los bienes recibidos.

Y para vencer la tristeza que destruye la vida, es necesario cargarse de coraje ante las adversidades.  Valerse de una razón para vivir.

                                                                  José Marcelo Ruiz

Este artículo se ha publicado en  la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el viernes, 09/08/2019. Mi agradecimiento personal al director del medio D. Francisco Gálvez y al equipo de redacción por su interés por los temas culturales, de opinión y pensamiento.

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Lo que oculta el eclipse

    MÚSICOS CALLEJEROSCruzaba el Paseo Marítimo pensando en lo que ocultaba el eclipse, si era  a mi ‘ser’ a quien ocultaba  o  a mis banales posesiones, las cuales me atan a este mundo. Estaba en este pensamiento cuando me sorprendió la melodía del aleluya de El Mesías de Händel, cuya obra dos músicos interpretaban en plena calle. Arrojé una moneda que cayó tintineante en el cestillo.  Recordé que el mismo acto lo había presenciado en otras ocasiones. En ese instante también estaría pasando en  otras ciudades del mundo: “Que al atardecer, / la melodía del flautista / susurra secretos íntimos. / Nadie, nadie… / Nadie se detiene para oírla”. Pero, por primera vez, no pasé de largo y me paré a oír los acordes: La música calmó mis preocupaciones.

    Pienso en la actitud de los músicos, y admiro la humildad con que ofrecen su actividad creativa. Esto me hace reflexionar sobre la importancia de ‘ser’, y sobre lo banal que son las cosas que poseemos. La libertad y el amor con que actúan es como si fueran pordioseros del alma.  Porque ellos ponen a prueba a los transeúntes, para comprobar si saben distinguir entre el ‘ser’ y el ‘tener’. En esta sociedad de consumo se minusvaloran los actos creativos y todo lo que sea gratuito, aunque suponga un gran esfuerzo de quienes los ofrecen. En cambio, se valora mucho lo que se paga caro, como un automóvil de lujo,  una gran mansión,  un yate, tener fama…   Son cosas, posesiones que esconden cómo somos las personas.

A la vida  nacemos  desnudos, pero dependemos de la cuna y del vestido con que nos cubramos para distinguirnos. Vamos acumulando cosas, porque nos imponemos la creencia de que “valemos según tenemos, y no por lo que somos”. Tener y codiciar  son acciones que elevan nuestro ego. Lo grave es que las posesiones actúan como máscaras que ocultan la esencia de nuestro ‘ser’. El verbo tener lo mueve todo, la economía, el negocio de comprar y de vender,  así compramos lo innecesario y  vendemos lo que somos.  Al final la muerte nos vuelve a desnudar.

 Me viene a la memoria, una cita del poeta hindú Khalil Gibran: “El amor no posee, ni es poseído”. Tendemos a expresar los sentimientos con posesión, así los expresamos cuando decimos: mi novio o mi novia, mi esposo o mi esposa. Porque nos cuesta asimilar que el amor no es una relación de pertenencia. Amarse es darse mutuamente, y es un regalo. Entre dos personas que se aman, ninguna persona es dueña de la otra, porque la posesión implicaría esclavitud. El amor es un sentimiento libre.  Hay que reeducar el lenguaje y decir como lo expresa el poeta: “Es el compañero o la compañera, / que habita en vuestra casa. / Haced de vuestra casa vuestros corazones”. Vivir el ‘Amor’ sin ningún sentimiento de posesión, tal como lo concibe el poeta Khalil Gibran, evitaría la violencia de género que, tristemente, se da en la relación de pareja.

  Tras ese eclipse se ocultan los buenos sentimientos y el miedo a mostrarnos cómo somos. La máscara que nos construimos niega al ‘ser’. Vivimos la vida aparentando lo que no somos, sujetos a la opinión de los demás. Es hora de oír la música universal, la que nos une y nos hace bailar a cada cual a su son. Que con la diversidad de colores se hace la belleza del paisaje.

                                                        José  Marcelo Ruiz

   Este artículo se ha publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el 25 de julio de 2019. Mi agradecimiento al director del medio D. Francisco Gálvez y al equipo de redacción por su interés por los temas de cultura, de pensamiento y opinión.

 

El corazón de la piedra

gruta de las maravillas“Quiero penetrar en el corazón de la piedra, / ese corazón duro de la piedra que traspasa el tiempo, / ese corazón inmóvil de la piedra que atrapa el espacio.” Con estos versos expresa el poeta su deseo de conocer el corazón de la piedra.

   Entré en la gruta de Las Maravillas y vi las piedras preciosas. La cavidad era como esas de las que habla María Zambrano: “Grutas de esmeraldas que nacen en sueños y al soñante acogen de verdad […] ese color visto tan solo en sueños y ese felicísimo estar en la gruta”.

    Dentro de la gruta comprendí el concepto de eternidad. Es necesario miles de miles de años para unirse las estalactitas y las estalagmitas y crear tan inmensa belleza. El corazón de la piedra latía y sentí que formaba parte de él, pero ´yo´ y mi libertad humana éramos insignificantes. Me acordé de lo que se pregunta el poeta: “¿A dónde me conduce la libertad/ de ser humano?, / si el río del agua se la lleva.”

  Esa libertad humana que me invita a ser autor de mi vida y responsable de la naturaleza que recibo. Que soy una especie más a extinguir, y esto es consecuencia de mi ego creador que todo lo transforma a su antojo. La misma libertad que me obliga también a trascender mi identidad como humano. Es por ello, que no hablo de mi cuerpo y de mi breve tiempo de vida, sino de que estoy obligado a participar en el mantenimiento de mi especie.

     En esta línea de pensamiento hay grandes aportaciones como la del escritor noruego Jostein Gaarder, que en el marco de un ciclo de conferencias sobre “Ecología y solidaridad”, celebrado en Alicante, declaraba en su ponencia: “Desde que vimos la luz del día en África, hemos estado luchando una resuelta batalla para asegurar que nuestra rama no se pode del árbol genealógico de la evolución. Esta batalla ha tenido éxito, porque todavía estamos aquí. Sin embargo, amenazamos la existencia de todas las especies. Esto hace que pongamos en peligro la base de nuestra propia existencia.”

    Mi grave error humano es mi ego, el cual me hace creer que soy el centro del universo. Esta creencia me conduce a perder la perspectiva sobre temas importantes,  y caer en la fugacidad de la vida, el cual me produce el miedo a no ser. Y quiero con una mirada abarcar la inmensidad del universo, pero me siento perdido. Mi torpeza ha sido construir una sociedad que se basa en vivir para hoy, sin importarme ni la herencia recibida ni el mañana que he de entregar.

   Entrar en la gruta me ha hecho reflexionar sobre el concepto de eternidad. Que para ser eterno hay que ser tiempo. Y mi tiempo formará parte de la eternidad, si yo participo en mantener viva la naturaleza.

   Es lamentable que mi libertad humana se esté equivocando, porque actúa en contra de la naturaleza. Al hacerlo, un día ya cercano, formaré parte de una especie extinguida, que quedará sepultada como fósil en la piedra. Eso sí, dejando abundante material de desecho, el cual será digno de estudio para la próxima especie dominante o inteligencia artificial que reine.

                                                                              José Marcelo Ruiz

Este artículo ha sido publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el viernes, 12 de julio de 2019. Mi agradecimiento personal al director del medio D. Francisco Gálvez y a su equipo de redacción por el interés que muestran por temas culturales, de opinión y pensamiento.

Presentación de la novela ´La Hermandad de Huntsville,´de J. Francisco Guerrero López.

La novela La Hermandad de Hunstsville de J. Francisco Guerrero López, profesor y escritor malagueño, nacido en la localidad costera de Torre del Mar, se presentó en el Centro Cultural Virgen del Carmen – Edificio de la Antigua Azucarera- de Torre del Mar (Málaga), el 31 de mayo de 2019, contando con la organización de la Tenencia de la Tenencia de Alcaldía de Torre del Mar. La obra fue presentada por el poeta José Marcelo Ruiz. El acto estuvo amenizado por el grupo musical Trinity de Vélez- Málaga, que interpreto canciones  de las que se hace referencia en la novela.

Parte 1

Coordina la presentación D. Antonio Soler (Coordinador cultural de la Tenencia de Alcaldía de Torre del Mar). En esta parte de vídeo hablan  D. David Vilchez (Teniente  de Alcalde Caleta de Vélez- Málaga) . La coordinadora de Ediciones del Genal, Dña. Beatriz Méndez Cobas. El poeta José Marcelo Ruiz que presenta la novela.

Parte 2

En esta parte intervienen: J. Francisco Guerrero López, autor de la novela que la comenta. El Grupo musical Trinity que ameniza el acto y toca canciones que el autor menciona en la novela. Pilar Martín Ruiz   ( profesora y compañera de J. Francisco Guerrero) que lee textos de la novela.

Parte 3.-

En esta parte intervienen: J. Francisco Guerrero López, autor de la novela que la comenta, e interviene el público que le hace preguntas. El Grupo musical Trinity que ameniza el acto y toca canciones que el autor menciona en la novela. Pilar Martín Ruiz ( profesora y compañera de J. Francisco Guerrero) que lee textos de la novela.

SINOPSIS DE LA NOVELA:

En La Hermandad de Huntsville,  los personajes viven atrapados en  ese silencio de los espejos. Estimulados por la fugacidad de la vida, quieren vivir con intensidad, ante el miedo a no ser. Imitando a los poetas malditos como Baudelaire.

Buscarle un sentido a la vida

buscarle sentido a la vida  “Todo se puede quitar a un hombre excepto una cosa, la última de las libertades humanas, la de elegir su actitud ante cualquier circunstancia, la de elegir su propio camino”.

  Esta cita pertenece al libro El hombre en busca de sentido del neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Emil Frankl, en la cual nos plantea la necesidad vital que tiene el ser humano de encontrar un sentido a su vida. Nos habla de que esa búsqueda es una necesidad superior a la motivación del placer, cuyo tema trata Sigmund Freud, e incluso a la del poder, a la que alude Alfred W. Adler. Que tener ese propósito es la razón que nos motiva vivir cada día, para afrontar las adversidades que se nos presentan. También argumenta que la persona que no encuentra un sentido a su vida, se hunde en el vacío existencial, porque es este estado anímico la causa principal de las depresiones, del suicidio; siendo éste un tema del que nadie quiere hablar, porque se tiende aparentar que se vive feliz.

    Nuestro principal propósito es encontrar la felicidad, pero caemos en el error de no entender el significado de la vida, y tenemos un concepto muy particular sobre la felicidad y cómo conseguirla. Lo cierto es que la vida no es comprensible, pero tiene su significado intrínseco.

    El profesor en psicología de la universidad californiana Mihály Csíkszentmihályi descubre que lo más gratificante es el tiempo que se dedica a satisfacciones propias, donde no se busca fama ni fortuna, pero en el que se encuentra un significado a la vida y a la existencia.

      El psicoanalista alemán Eric Fromm nos habla en su libro El arte de amar que para alcanzar el propósito de vivir con sentido la vida, es necesario trabajar con motivación, vivir desde la esfera del amor y tener coraje para hacer frente a la adversidad. Para ello, hay que tener siempre presente los tres aspectos que conforman nuestra identidad: el biológico, el psíquico y el social. Lograr la armonía de dichos aspectos es estar en el camino de la felicidad. Continúa argumentando que lo que no entendemos es el concepto de felicidad, porque son en los momentos difíciles de la vida y de grave enfermedad, en los cuales se nos descubre el significado de la vida. Comenta que el error está en el modelo de sociedad que hemos creado, donde somos como cerdos que consumimos hasta la saciedad, y actuamos como especies de robots que obedecemos sin pensar y, al no pensar lo que hacemos, caemos en el peligro de destruir el planeta y de destruirnos a nosotros mismos. Nos propone otra nueva sociedad, cuya  función de la nueva sociedad debe ser la de alentar en nosotros la disposición a renunciar a todas las formas de poder y posesión. Asimismo, debe conseguir que cada cual construya un sentimiento de identidad y confianza basados en la fe de lo que uno es, en la necesidad de relacionarse, interesarse, amar, solidarizarse con el mundo que nos rodea, en vez de basarse en el deseo de tener, poseer, dominar el mundo, y así volverse esclavo de sus posesiones».

   La propuesta de sociedad de Eric Fromm nos puede parecer utópica, pero es la salida que nos queda, ante un desesperanzado futuro que dejamos como herencia, si no tomamos medidas urgentes. Por otra parte, nos enfrenta ante la verdad de nuestra existencia. Nos está pidiendo que para salvar esta humanidad, veamos con el corazón.

                                      José Marcelo Ruiz

Este artículo ha sido publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axaquía), el viernes, 28 de junio de 2019. Mi agradecimiento personal al director del medio D. Francisco Gálvez por su interés en los temas culturales, de opinión y pensamiento.

 

Hablar de Manuel Alcántara

alcantara-kbQE-U701209605456o7G-624x385@Diario Sur  Hablar de la vida de un poeta no se encierra en una cronología de fechas mencionando los premios que ha obtenido, ni que obras ha publicado; implica conocer sus obras y hablar de ellas. Cuando nos acercamos al hombre, lo que importa es hablar de lo que trasciende como ser humano.

Las fechas sólo quedan para fijar los hechos en un tiempo de la historia, a diferencia  de que la vida es otra cosa, como decía Don Miguel de Unamuno, cada uno tenemos nuestra  intrahistoria, esas vivencias únicas que nos dan nuestra propia identidad. A ello me refiero cuando quiero hablar de la biografía de Manuel Alcántara.

   Nace el 10 de enero de 1928 en la Calle del Agua del barrio de la Victoria, de nuestra ciudad de Málaga. Nuestro poeta Manuel Alcántara es niño de  la Guerra Civil (1936- 1939), de “nuestra Guerra Incivil” como la llama él, también citando a D. Manuel de Unamuno. Será uno de los recuerdos que le marcarán desde su infancia, nos dice: “A mí la Guerra Civil me coge con ocho años y me deja con 50 (…)”. En su memoria perdurará la condición de ‘niño de la guerra’: “Todavía podría identificar nítidamente los soldaditos de plomo con los que jugaba de niño en la plaza de la Merced. (…) Y los bombardeos”.                                                                                                                                              Se traslada junto con su familia  a vivir a Madrid, donde es destinado su padre como trabajador de Renfe. Allí  Manuel comienza los estudios de abogacía, pero lo deja y trabaja en la oficina de seguros de Renfe. Descubre la vocación por la poesía,  y su estreno poético fue 1951- a la edad de veintitrés años- en el entorno de los cafés literarios de Madrid, en las lecturas poéticas denominadas ‘Versos a medianoche’.

  En el año 1955 forma parte del grupo de poetas “Alforja de la poesía”, quienes dan recitales  como juglares por la toda la geografía española. Ese mismo año llegarían sus primeros premios como:Premio de poesía Antonio Machado” que concede la revista Juventud. Además, publica su primer libro de poemas: Manera de silencio. Es galardonado con el Premio Nacional de Literatura por su obra Ciudad de entonces en 1963, a partir de esa fecha será reconocido con numerosos premios.

  Su inicio como columnista en la prensa fue en 1958, con treinta años de edad, en La Hora, y en el Semanario de Estudiantes Españoles. Como columnista tiene numerosos galardones, entre ellos: Mariano de Cavia, González Ruano y Luca de Tena… Su trayectoria como columnista le convierte en colaborador de  periódicos como Arriba, Ya, y Pueblo…, distinguiéndose como periodista deportivo, especialista en boxeo.                                                                                                                En la transición, Manuel Alcántara escribirá el 6 de diciembre de 1978 un artículo: “Manuel, de Málaga”, homenajeando al trabajador malagueño de Comisiones Obreras, Manuel José García Caparrós, asesinado durante la manifestación del 4 de diciembre por la autonomía de Andalucía. Este artículo le supuso un ataque del periódico El Alcázar, que quiso llevarlo a los tribunales. Como columnista siempre se ha distinguido por la libertad de pensamiento, reflejando esa humanidad que caracteriza al poeta.

  Cuando Manuel Alcántara habla de la poesía, la concibe como conocimiento: “La poesía está para describir sentimientos, para conocerte a ti mismo, para alumbrar la vida, pero su objetivo no es nada jocoso. La poesía es indefinible”. (Dato recogido de la entrevista que le hace José Vicente Astorga en el periódico Sur, en 2008).

  Actualmente con sus recién cumplidos 91 años de edad, nos sigue emocionando con su columna diaria en el periódico el Sur.

                                                    José Marcelo Ruiz

Este texto se escribió antes de su fallecimiento 17 de abril de 2019, dedicado como homenaje al poeta  Manuel Alcántara, para la revista literaria  ´AL- ALBA´ nº 44, de la Asociación Poética- Literaria Malagueña Ana León Ramos. La cual se  presentó,  el 24 de mayo de 2019, en la biblioteca Manuel Altolaguirre de Málaga.

Poema:

                             Biografía

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

Málaga naufragaba y emergía…

 

Manuel junto a la mar , desentendido;

yo era un niño jugando a la alegría.

Ahora juego a todo lo que obliga

la impuesta profesión de ser humano,

y a veces, al final de la fatiga,

enseño a andar palabras de la mano.

 

Ser hombre es ir andando hacia el olvido

haciéndose una patria en la esperanza;

cuerpo a cuerpo con Dios se está vendido

y a gritos no se alcanza.

 

(Dentro de poco se dirá que fuiste,

que alguien llamado así, vivió y amaba…)

Ser hombre es una larga historia triste

y un buen día se acaba.

 

Desde mis veinticinco historias vengo.

Nada me importó nada.

Pero cualquier capítulo lo tengo

miniado en letra triste y colorada.

 

Un hombre hecho y deshecho

os habla. Soy distinto cada año.

Tengo un desconocido por el pecho.

Sí. Miradme a los versos. No os engaño.

 

Tengo el sombrío bosque de la frente

esperando que llueva;

mientras, el alma suena bajo el puente,

y cuando el alma suena es que a Dios lleva.

 

Vuelvo a andar el camino desandado

y en mi paso resuenan las cadenas.

Recuerda el corazón acostumbrado…,

qué buen fisonomista de las penas!

 

Unas pocas palabras me mantienen:

duda, esperanza, amor… Siempre me pierdo…

Amor, duda, esperanza… Siempre vienen…

La ilusión, si la he visto no me acuerdo.

 

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

Málaga naufragaba y emergía…

Manuel, junto a la mar,  desentendido;

hubo una vez un niño en la bahía.

 

Y un hombre hay de pie sobre mis huellas,

indefenso y sonoro, a ras del suelo,

que se irá mientras hacen las estrellas

propaganda de Dios allá en el cielo.

 

                                                        Manuel Alcántara

Del poemario: Manera de silencio

 

 

 

 

 

La otra cara de la moneda

moneda de canto (1)  “Mas tales espejismos, y aún otros, se producen cuando aspiramos, aún sin darnos cuenta, a vernos en la verdad, a que ella nos diga quién somos”.

     Esta cita pertenece a María Zambrano, de su artículo “El espejo en la historia”, que está incluido en su libro El exilio como patria, cuya edición, introducción y notas son del filósofo D. Juan Fernando Ortega Muñoz, (ex­-director de la fundación María Zambrano).

   La vida está siempre poniéndonos a prueba, lo hace de modo individual, a pesar de que queramos solventar las preocupaciones, los accidentes y los contratiempos bajo la protección de la colectividad, alegando que son circunstancias comunes que atañen a todos. Nos queda el consuelo de mirarnos en el espejo de la Historia , pero con  miedo de que tales espejismos nos muestre la verdad, a la que hay que afrontar cada día, para terminar preguntándonos: – ¿quién soy ´yo´?

   En Francia, las manifestaciones de los ´Chalecos amarillos´ son ejemplos de esos males que se atribuyen a circunstancias comunes, las cuales mueven a la ciudadanía. ¿En respuesta a qué, quizás a un sentimiento de abandono, de pérdida de confianza?.  Ellos actúan sin líder que les represente, porque han  perdido el referente ideológico y político.  La pérdida de confianza es la causa que hace tambalear las creencias y, como consecuencia, se produce un desvanecimiento de la identidad social. Cuando se le pregunta por qué se manifiesta, se expresa con el yo personal. Aunque el desamparo le une a la  colectividad, antepone siempre su yo a todo lo que le anule. El miedo le hace actuar con violencia, y a luchar por la supervivencia.  Todos coinciden al manifestarse que padecen también una gran violencia, porque se sienten engañados por sus representantes políticos.

  La parte negativa del movimiento de los ´Chalecos amarillos´ es actuar con  violencia. Así como la  pérdida de universalidad, a no reconocer los derechos internacionales de emigración; cayendo en ese mirarse el ombligo, en el nacionalismo. La parte buena es la reflexión a la que nos invita.

     Me viene, a la memoria, la frase que pronunció el general  y primer ministro francés  Charles de Gaulle, en una época de crisis como la II Guerra Mundial: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”. Estas palabras deben servir como reflexión, para apostar por la convivencia, la solidaridad y la universalidad; cuyas actuaciones  son necesarias para vivir y construir la paz.  Es preciso valorar la política, en cuanto hay que exigir un mecanismo para desenmascarar a los falsos políticos, los cuales no están al servicio de los ciudadanos y del bien común, sino de aquellos intereses económicos que les pagan. Recuperar la confianza  en la política, elegir que nos representen auténticos servidores.  Formarse políticamente para refrendar iniciativas ciudadanas.

        Es cierto que la vida es compleja. La grandeza del ser humano reside en la búsqueda del conocimiento, en conocerse, en encontrar su libertad y realizarse como persona.  Pero se hace pequeño ante sus  miedos, los cuales son los que tiene que afrontar.

                                                   José Marcelo Ruiz

Este artículo se ha publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el viernes, día 14 de junio de 2019. Mi agradecimiento personal al director del medio D. Francisco Gálvez y al equipo de redacción por su interés por los temas de cultura, de opinión y pensamiento.

El faro de la poesía – Blog participativo y abierto, editado por el poeta José Marcelo Ruiz

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