Lo que el Quijote nos quiere decir… — La otra mirada de Morfeo

IMAGEN DE S. QUIJOTE

Lo que el Quijote nos quiere decir…

Hay mucho escrito sobre la obra de Miguel de Cervantes: “El Quijote” (Alonso Quijano, el bueno). Pero, me voy a centrar en la mirada que nos trasmite María Zambrano,  una mujer filosofa, pensadora, nacida en Vélez- Málaga; en su libro “España, sueño y verdad.”

Nos comenta que entre las figuras de vida creada por la literatura, por la poesía española, sea la de Don Quijote la que alcance mayor trascendencia y sea símbolo de universalidad, identificándose con la conciencia de un Pueblo y con su historia. Porque la imagen de Alonso Quijano es portadora de un proyecto de humanidad.

Los dos personajes principales de la novela: Sancho y Alonso Quijano se contraponen y  crean esa ambigüedad de la que María Zambrano nos habla. Pero, a la vez, es una unidad debido a su dependencia.  Porque Sancho no es sólo el fiel escudero, es algo más: un espejo, el espejo de la conciencia que mira y mide al genial caballero.

Y así, al mirarnos en el espejo que el autor,  Cervantes, nos tiende, nos encontramos con dos imágenes indisolublemente ligadas entre sí: la imagen de Don Quijote y la de Sancho, su escudero.

Y, a estas dos imágenes que se contraponen, la de Alonso Quijano y Sancho, hay que  unir  la del misterio que circula por todo el libro: Don Quijote, el héroe, esté loco, y más que loco enajenado, encantado. No es un loco sin más, sino el individuo ejemplar de la locura. Una especie de locura que clama ser rescatada, liberada.

Sabido es el respeto que se les tiene a los locos, se cree que  son  seres “inocentes,”  seres inspirados, por los que se abre a ratos la verdad, son criaturas sagradas en suma.

Y  D. Quijote es el loco tal como  lo ha visto y sentido la conciencia de un Pueblo. Y clama él, la liberación de su encantamiento. Además, está poseído por la pasión de libertad, de liberar y hacer justicia: liberando a todos los que encuentra en su camino como galeotes azotados…

Es la ironía que mantiene Cervantes en cada pasaje, que hace ser más que un libro, una herida; lo que el héroe, Alonso Quijano padece es el mismo conflicto que sufre el ser humano: plantearse el enigma de la libertad.

Como  nos comenta Miguel de Unamuno: el personaje del Quijote es trágico porque entrega toda su vida a la voluntad de alcanzar una utopía: la libertad. Es un héroe vencido, pero trasciende a la inmortalidad. Porque su vida es la pasión trágica del ser humano, y cristianamente es la que nos llevará a la vida eterna.

Sí, Don Quijote, es un personaje de tragedia, si vence, lo hará en la memoria de los hombres: aquí reside su inmortalidad. Y no vencerá en su tiempo, sino más allá de su historia.

La figura que se contrapone es la de Sancho, que viene a ser el servidor incrédulo, es la naturaleza humana no ganada por la fe, que se resiste a la esperanza, la cordura que se cierra a la llamada de la caridad.

Entramos en la novela que es: un lugar de burlas, de vencimientos de “encantos de la historia”; los ecos, los reflejos, las grutas maravillosas, el palacio de los duques y aun el caballo de Troya, la poca duradera ínsula, la jaula en que el héroe se pasea ante los ojos del mundo despertando una ambigua admiración y una compasión atónita. Y en los ojos, en la frente  del héroe, la quimera:- porque yo Sancho nací para vivir muriendo. Para no acabar de morir.

Dulcinea  sonríe melancólica, sola. ¿Acaso no amaría también Dulcinea a Don Quijote? Y, ella, ávida  de amor, se consumía a solas.

También notamos como ese lenguaje de los espejos, que es el convivir mirándonos mutuamente, aprendemos unos de otros, y se da ese intercambio que nos unen. Así, Sancho, el hombre incrédulo, la cordura de la razón se aquijotesca, porque la realidad es dura y banal, necesitamos la esperanza, el sueño, y soñar… Vivir en la ilusión y luchar por alcanzar la utopía.

Y vemos, también, a Alonso Quijano,  caerse de ánimos, por ser vencidos en tantos frentes de batallas, y ansía ser cuerdo, ser liberado de su locura. Pero se levanta y prosigue.

Dulcinea, es el personaje que está en el aliento de Alonso Quijano, porque es su causa, su razón de corazón,  es el aire que se respira en la novela. Porque ella es el amor necesario para la lucha diaria de la vida.

La pregunta es – ¿Con qué personaje, verdaderamente, te identificas tú como lector o lectora, al acercarte a la obra: con Alonso Quijano, el loco, y su locura que persigue una quimera, o con Sancho, la cordura; o bien con Dulcinea que, como la vida misma, es ávida de amor?

Y, toda mujer, todo hombre tenemos un proyecto en la vida, como seres que pertenecemos a la humanidad, en ese tiempo que trasciende, en esa voluntad de amar, y, por ello, de deseo de inmortalidad. Porque como dice María Zambrano: El hombre es el ser que padece su trascendencia

Este es el mensaje que, acertadamente, el autor Cervantes, en boca de Alonso Quijano, el bueno, nos trasmite: que somos humanidad, hombres y mujeres con ansia de libertad, de justicia, de amor, sabiendo que nacemos para vivir muriendo, para no acabar de morir: porque la humanidad debe persistir, y vivir para la eternidad.

De lo que se trata es: aprender hacernos las preguntas y, de encontrar las repuestas.

José Marcelo                                                                                                                                    (Poeta)

Bibliografía consultada:
                                                                                                                                                                                 La ambigüedad de Don Quijote
                                                                                                                                                                                  Del libro: “ España, sueño y verdad”
                                                                                                                                                                                 ­­-­De María Zambrano.

Artículo publicado el 15 de abril de 2016, en Noticias 24 (Comarca de la Axarquía).

Agradecimientos al director de dicho medio, Francisco Gálvez, por el su interés en la difusión de la cultura.

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