Lo que no te cura, te mata.

 

 

¿gustavo-bueno-frases-kcMF--620x349@abcQuién no se ha obstinado, alguna vez, en creerse poseído por la verdad? Y sin razones de corazón que demuestren esa verdad. Esta pregunta es muy necesaria que cada cual la tenga presente, si queremos convivir y ser tolerantes.

Al leer al filósofo riojano, Gustavo Bueno Martínez, quien ha fallecido el siete de agosto de dos mil dieciséis, me he topado con su pensamiento acerca del “materialismo filosófico”. En su ensayo El animal divino, plantea una revolucionaria interpretación de lo que son las religiones, tratando de descubrir cuál pueda ser el fondo de verdad que las anima, considerando, desde luego, a las religiones como un fenómeno social y cultural incontestable, cuya importancia nadie puede subestimar.

En este ensayo, desarrolla su concepción materialista, afirmando que la religión es real. Es decir, que la religión es material y no espiritual. Para ello, se acoge a la rama antropológica de la filosofía. Nos ofrece un estudio de las distintas etapas de la historia y la evolución de la religión, hasta llegar a la concepción de la no existencia de Dios (ateísmo).

Desde una visión antropológica de la religión, el filósofo Gustavo Bueno, nos muestra la convivencia de individuos atrapados en una sociedad materialista, donde la solidaridad no es universal; pues se unen en la lucha contra terceros. Las relaciones se dan a través de las guerras, y con la victoria de la paz, se establece la relación de vencedores y vencidos.

La religión nace como una necesidad vital del ser humano de saber; este deseo de conocimiento lo vive en su prehistoria y toda su historia. El hombre se relaciona con los animales prehistóricos pintados en las cuevas, a quienes les reza; son sus dioses, porque los ha creado a imagen y semejanza de los animales. Gustavo Bueno a esta religión la denomina como religión primaria o nuclear; afirmando que en esta etapa se da una religión real, y no fruto de una alucinación, porque eran entidades realmente existentes de estructura finita y corpórea. En cambio, no reconoce como religiones verdaderas, a las mitológicas (como la aparición de los dioses griegos), ni a la metafísica con la aparición del Dios único (concepción filosófica de Aristóteles). Y es en esta última etapa, según nos plantea el filósofo Gustavo Bueno, cuando “muere la religión”. Esta negación se basa en no reconocer la insustancialidad (la espiritualidad), porque todo debe ser corpóreo; basándose en el escepticismo y en el nihilismo radical de que nada está relacionado con nada.

Hasta aquí llego, queriendo homenajear al filósofo Gustavo Bueno, que como hombre fue una persona coherente con su vida, ejemplaridad de humanismo.

Pero he de expresar, respecto al título que encabeza el artículo, “lo que no te cura, te mata”; es en referencia a que no debemos obstinarnos nunca en creernos poseedores de la “verdad absoluta”, y sí en buscar la verdad como un humilde discípulo. Esta verdad debería ser la razón que dé sentido a la existencia de nuestra vida, y que nos haga trascender: el amor.

Porque los buenos y saludables pensamientos siempre nos curan, pero si nos excedemos en la búsqueda de ideas radicales y contradictorias, éstas nos pueden herir y matar. Todo sentimiento bueno que trabaje para mejorar la humanidad, bienvenido sea. Porque el excesivo materialismo conlleva “devorarse el hombre a sí mismo”, y siempre estaremos atrapados en el dios mitológico Kronos (Tiempo).

María Zambrano en su libro El hombre y lo divino, da también las claves para entender esa necesidad del ser humano en lo religioso, de la aparición de los dioses. Y nos dice que es el temor de verse mirado por todo lo que le rodea, y no verse a sí mismo; lo que le impulsa a la necesidad de encontrar respuestas. Y es esta necesidad la que hace al hombre crear a los dioses. Como también llega a la conclusión D. Miguel de Unamuno, en La agonía del cristianismo, ante su duda, y su necesidad de visualizar a Dios en su interior; nos dice: “Que hay que crear a Dios, para creer en Él”.”

Asevera María Zambrano: “Pues el hombre ha de estar muy adentrado en la edad de la razón para aceptar el vacío y el silencio que hay en torno suyo”. Ejemplo de ello, es cuando oímos a Job, interpelar a Dios por su padecimiento. Encuentra el silencio como respuesta. La pensadora María Zambrano nos dice que: “la actitud de preguntar supone la aparición de la conciencia en el ser humano, ese desgajamiento del alma. Ese concepto del alma, aparece ya en la religión egipcia de Osiris y en referencia a eso María Zambrano nos dice “Estar en posesión de un alma es tener que asumir la historia humana -la propia- el tiempo y la muerte.”

Debemos entender lo religioso como una búsqueda de conocimiento del ser humano, en la vida, para dar sentido a ella. Compartiendo nuestra soledad alcanzamos la solidaridad. Evitando ritos superfluos de excesiva espiritualidad, que quedan sólo en lo etéreo, y que no llegan al corazón humano. Y salir de las cavernas, e ir al espacio, a la luz, al ágora (la plaza), donde podamos hablar con nuestros semejantes. Porque como diría el poeta, estamos muy necesitados en este mundo de amor, de ese amor que nos habla nuestra pensadora María Zambrano: “El que atrae el devenir de la historia que corre en su busca. Lo que no conocemos y nos llama a conocer. Ese fuego sin fin que alienta en el secreto de toda vida. Lo que unifica con el vuelo de su trascender vida y muerte, como simples momentos de un amor que renace siempre en sí mismo. Lo más escondido del abismo de la divinidad; lo inaccesible que desciende a toda hora.”

José Marcelo Ruiz

(poeta)

Bibliografía consultada: La balsa de piedra, nº 3, abril-junio 2013, p. 5,ISSN: 2255-047X

“Breve introducción a la filosofía de la religión del materialismo filosófico de

Gustavo Bueno”- Daniel Miguel López Rodríguez

“El hombre y lo divino”- María Zambrano

Este artículo ha sido publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el viernes 26 de agosto de 2016. Le doy las gracias al director del medio, Francisco Gálvez, por su interés en la difusión de la cultura.                                                                                                             

 

 

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