“SIN VOLUNTAD NO HAY ESPERANZA” Obra de teatro de Antonio Quero.- Comentado por el poeta José Marcelo Ruiz.-

sin-voluntad-no-hay-esperanza-001En esta primavera del dos mi nueve, mi amigo y compañero Antonio Quero, ha  publicado  una obra de teatro:“Sin voluntad no hay esperanza”.   

Antonio Quero, gracias a su personalidad como poeta polifacético, posee la capacidad de afrontar con inquietud todas las facetas de la comunicación: domina las artes plásticas, el lenguaje de la palabra haciéndolo ameno en la radio y, sensible en la escritura. Es un profundo conocedor de las raíces de  la música  de andaluza.

Esta obra que va a caballo entre ensayo filosófico y denuncia antropológica- social. El autor ha escogido el dialogo sencillo y coloquial para exponer y profundizar un tema lejano en el tiempo, pero  presente siempre en las entrañas del ser humano: la identidad. Ésta se encuentra enturbiada por la exigencia de la  falsa moralidad, que impone la sociedad. Porque quiere que seamos como los demás.  Nos confiesa el autor en la primera escena por boca de uno de los personajes de la obra, el poeta: – “Todos somos reflejos, unos de otros. Porque nos mueve una causa similar y tenemos una meta  afín.”  Pero también se quiere ser como “el otro”, perdiendo la identidad como “Persona”; ello es debido a que somos dominados por la envidia. Éste  es el pecado nacional del que nos  habla D. Miguel de Unamuno. y  María Zambrano  en sus obras.

Antonio  Quero le preocupa también lo social: plantea  el conflicto entre  – el ser individual y ser social.-  ¿Dónde queda la identidad del ser individual?

El  poeta nos dice: “No quiero  hablar de mí, hablemos de ustedes”  Y dirigiéndose al público ( que representa el pueblo), le dice: “sois los actores en tránsito por el escenario de la Tierra”. Por lo tanto, lo social se antepone a lo individual. El pueblo es quien debe tomar las riendas y ser los actores de la vida.

Los personajes: dos jóvenes enamorados, el  Sr. Precepto (representante de la ley) y  el Sr. Presístero, representante de la moral, que son los padres de los jóvenes enamorados. Éstos están presentes en la obra,  porque se le mencionan. Pero, sólo tienen diálogo al final de la obra.  Y   el “Poeta” como la conciencia de ese pueblo socializado.

 Esta estructura en dos actos  me recuerda  a las pequeñas obras de teatro  griego,  que se representaban para  filosofar en el ágora ( la plaza pública).  El autor  elige el escenario   público de un jardín, es una manera de llevarnos a ese espacio cercano a la naturaleza,  lugar de encuentro de los enamorados, lugar propiciatorio para el amor Porque el poeta ha venido a la ciudad  para hablarnos del amor.  Es una obra que se ajusta, en cuanto a la temática, a los cánones de las obras clásicas. Y  el amor es el móvil para mostrarnos  a una sociedad que padece de hipocresía.

El autor de la obra, quiere ser partícipe como personaje de la obra, y entra en  escena. Él nos habla por boca del poeta, quien se desnuda y, es la conciencia, como he dicho anteriormente,  de cada uno de nosotros. Es el poeta quien se enfrenta al Sr. Precepto.  al  Sr. Presístero, y a D. Pretensio, porque  son representantes de una sociedad inventada y convenida. Cada cual se pone su máscara para representar la farsa de la vida:  la hipocresía, la dictadura del poder, una falsa moral. que está motivada por una errónea educación  religiosa.

Oímos al poeta que nos dice: Hay una gran diferencia entre alterar la ley y rebelarse contra las injusticias.”

“La verdad nos hace libres, no condescendientes. Y servir, a Plan Divino, todos servimos.”

“Nada terrible viene del espíritu. Y no pretenda  salvarme, porque nadie salva a nadie. Solo cada uno y, con mucho esfuerzo, se salva  a sí mismo”

“Estoy interesado en conocer los pequeños misterios que no desciframos. Para ello, hay que quitarse la máscara tras la cual el ser humano suele ocultarse.”

Para ahondar en el conocimiento de la conciencia individual, el autor nos invita practicar la máxima  del filósofo Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Pero  recuperando la voluntad. Porque es ésta la que  hemos perdido, la que hemos vendido a cambio de comodidad y de sumisión. Sólo nos protegemos con las máscaras de “los otros”,  que la hacemos nuestra y de todos. Y si alguien se la quita debe ser desterrado.

La  única esperanza  debe venir del amor a la verdad. El título que el autor le da a esta obra, se convierte en un mensaje:  “Sin voluntad no hay esperanza”.  Toda semilla ha de morir para nacer de nuevo. El amor debe penetrar en los corazones jóvenes para nacer la voluntad. Diría más, con la voluntad vendría la esperanza embarazada de  libertad,  de amor, y de “ser”. Siendo nosotros mismos.

Os invito a todos y a todas, a que entréis en la lectura de esta obra, que os conducirá  a una personal y honda reflexión.

José Marcelo Ruiz

(poeta)

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