POEMARIO: “A PROPÓSITO DE MARÍA” DE LA POETISA ANA MARÍA AGUILAR ESCOBEDO. PRÓLOGO DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ -“En la búsqueda del lenguaje sagrado”-

 

En la búsqueda del lenguaje sagrado

a-proposito-de-maria-001He de advertirte,  lector/a, que para acercarse al poemario A propósito de María, es necesario entrar en la complicidad que se da entre la autora Ana María Aguilar y la pensadora veleña María Zambrano.

Ana María, como poeta, se siente tentada por la búsqueda del lenguaje sagrado  y sigue la lectura de los textos teñidos de pensamientos poéticos en las obras de María Zambrano, observa cómo hay un hilo conductor que forma un método o una guía que la pensadora desarrolla y lo denomina razón poética.

Si confrontamos las citas que hay de María Zambrano en este libro  con los poemas de la autora, descubrimos una doble intensión: Ana María quiere darnos a conocer la personalidad de la pensadora y acercarnos a sus obras. Para ello, solicita tu implicación,  lector/a.

La tarea que se impone la autora de A propósito de María es desentrañar ese lenguaje sagrado que posee la poesía. Y, de ello, habla  la pensadora veleña en el discurso de su obra: “En el lenguaje sagrado, la palabra es acción. Las palabras se juntan en formas que hacen abrirse un  espacio antes inaccesible. La acción de lo sagrado parece proporcionarnos un espacio que es el verdadero” espacio vital”, pues en él se nos da la posesión de nuestro tiempo “el nuestro” y la manera de que con él, dentro de él, las diversas clases de seres y cosas entren en contacto con nosotros: medio de accesibilidad a los diferentes modos de lo real” (1)

La complicidad se da porque Ana María sigue el método como una iniciada: sí,  en la búsqueda, como he dicho,  del lenguaje sagrado, y tropieza con el pensamiento, con la razón, a la inversa de su maestra, María Zambrano que se encontró frente a la intuición Éste es el instante, en  cual  la poeta se refugia en la penumbra de la aurora,  y se le  revela el pensamiento único. He aquí, cómo la poeta se hace filosofa, y  la filosofa se hace poeta.

Ana María se convierte  en una discípula fiel  y practica el argumento que defiende María Zambrano“Que  al igual que no es posible ni valiosa una  poesía que no esté cargada de pensamiento, de razón, tampoco es posible, a la inversa, una razón sin poesía.”(2)

Y Ana María depura el lenguaje buscando la sustancia de la “Palabra”, y encuentra la hondura del pensamiento, y nos entrega la “Palabra” como canto cargada de poesía. Toma conciencia de su hacer y de su compromiso con la poesía. Y en esta andadura le lleva a descubrir –“ el apeiron-“:

“Allí, donde todas las cosas vienen, según el filósofo Anaximandro, es el  fondo oscuro  donde la injusticia del ser, de ser algo, estará asentada. Descubrimiento verdadero de esta ignorancia de la actitud filosófica. Pero, preciso es ver que, si tal ignorancia es hallazgo de la actitud filosófica, es también  aquello frente a lo cual el poeta tiembla, calla y habla.”(3)

 Ana María elige a María Zambrano como su maestra, pero también  protagonista de su poemario. Nos lo anticipa ya, en el título: A propósito de María.  La pone en escena,  y lo hace con vehemencia; así nos  lo confiesa:

“Sólo pretendo conocer y dar a conocer la belleza poética que hay en su pensamiento. Y descubrí a la María filosofa, que veía en la yedra el símbolo de la esperanza para el ser humano

Verso a verso como dice la canción, poema a poema nos va a narrar las hazañas de la pensadora veleña como lo hicieron los trovadores con el “Mío Cid”, pero sin pretender hacer ningún canto, ni  ninguna historia: “Entre ella y yo/ Esto no es una historia,/ ni un canto/ ni un llanto/. “

 Pero, desde el primer poema : “Asomarse para recordar”, nos introduce en el contexto histórico de su protagonista,: / Asomarse a la intimidad/ de tu alma soñadora/ y entender que aún/ queda mucho por caminar/ mucho por hacer, /para que no haya/ vencedores ni vencidos./

Y manifestando que hay una  complicidad: /es algo entre ella y yo:/ el ánimo/ la voz/ de mi musa dormida./ Va a ir ahondando, desentrañando toda la vida  y  el pensamiento de María Zambrano, a la vez, que se desnuda Ana María  en sus poemas, y se da a conocer.

Rememora la infancia de la niña veleña en dos imágenes, que la misma pensadora confesará como dos huellas profundas: “el limonero del patio de su casa, el cante por malagueña de Juan Breva.” La imagen se refuerza por cuánto simboliza esa elevación:

Los seres, hijos que al nacer son mostrados con orgullo a los dioses. Así será reconocida  a ser  mostrada, como predestinada a ser hija de la Aurora.  Y será el árbol,  la luz de su fruto maduro la aspiración de la niña.

  A Ana María le es imposible separar a la persona de sus obras, y prosigue en la búsqueda  de lo sagrado y continúa con las enseñanzas:

   Descubre, lo hace suyo, que para llegar al sueño hay que desprenderse del cordón umbilical: Nacer, y seguir anexo al cordón umbilical/ que te impide acceder al mundo de los sueños/  Porque del sueño no se despierta, sin que sea mortalmente y, hay que soñarlo mortalmente para que se pueda trascender. Debe refugiarse en la luz tenue, que queda entre la penumbra y las tinieblas, allí, abrir los ojos del corazón.

Y, al despertarse  del sueño se pregunta: “¿Por qué el ansía de saber y conocerse?”  El hecho de preguntar supone la aparición de la conciencia: /Esta certeza que mi alma necesita/ hace temblar mis pasos,/ y sólo el credo que en mí habita/ saciará el hambre y la sed de razón/. Pero las respuestas no le convencen. Entonces, en este estado donde  el alma encuentra su trascender, se siente cautiva y delira: / Cautiva de otras voces/ mi oído se acostumbró al silencio./ /Fugitiva de la luz/ mis ojos se acostumbraron a la penumbra/ y ahora tu luz me turba“.

Es Ana María Aguilar quien descubre en esa complicidad,  a la que os aludía, que ha heredado un padecer. Un padecer divino del que nos habla en las Teogonías órficas y la de Hesíodo: como Zeus tenía que aprender padeciendo para dejar así un hueco a la vida humana, que viene a ser hija de un padecer divino. Este padecer nace de las preguntas para conocer y conocerse y, lo hace la filosofía, pero  a la poesía le  he desvelada,  porque el poeta penetra en ese abismo y  encuentra la respuesta.

Y es el “Pensamiento”, un pensamiento que se piensa: / Pensamiento fértil que utiliza mi ser/  a mi manera, a mi forma de estar y sentir/.  Y que le mostrará su conciencia, su razón vital de existir. : Persisto en el ser/. Desisto… de no existir.

Para pensarse necesita un estado de intimidad.  Éste es, como nos define “ Abel Martín” (el personaje de Antonio Machado) :  “aspiración a la conciencia integra”. En la que el poeta se recoge, se interioriza y, siente soledad, angustia frente a  “la nada”. No “la nada” del místico Miguel de Molinos que buscaba quietud y aplacamiento.  Esa “nada” no le vale a Ana María, ella quiere “la nada de la creación”.

  El compromiso de Ana María con la poesía es de plenitud. Ella no se conforma sólo con el conocimiento sino como el místico del Canto Espiritual, San Juan de la Cruz, quiere “ser”:/Mis pies me guían hacía la luz infinita / que agudizan mis sentidos/ 

Y su  soledad no es pasiva sino muy activa. Una acción expectante de  estar presente como  el olivo solitario de Antonio Machado. Ese olivo que estaba al lado del camino lo veía todo pasar. Y su soledad se convierte en soledades. Por ello, Ana María nos dice: /Acompañarme en esta soledad que desvela mi alma, / y acuna mis palabras con  la melodía  que guarda un verso. /  Y  en esta soledad encuentra: /la palabra dada/  / tomo la palabra dada que reposa en mi pensamiento /

Como los místicos, ella  pasa por las tres vías de ascesis,  porque  la guía o el método de la razón poética se lo exige: por ser humana se ve obligada habitar en la “sombra del sueño”.  Este lugar donde se da los conflictos trágicos, las pesadillas.  En él, no hay tiempo, porque el tiempo se ha perdido, no hay espacio porque el lugar lo ocupa el alma. Pero sí  es  templo del ser. Un templo que se abandonará con la muerte. /He de encontrar el templo perdido en el tiempo, / entre átomos de sentimientos que necesito entender/

Cuando  encuentra su templo, su actitud como ser humano es pordiosear, porque quien pide muestra la deficiencia en que se está. Y su conciencia de poeta clama al cielo, porque lo único que necesita es amor. El amor  como la fuerza transformadora que le conducirá a recibir y dar la verdad.: / Quisiera escribir un poema de amor/ y faltan esencias para expresarlo, /… Quisiera escribir un poema de amor / la historia no tiene hojas en blanco/.

     Ella lo sabe, la historia no tiene hojas en blanco porque ha sido manchada y ha perdido su pureza. Y queda  sóloel espejo”: ese espejo que devuelve una imagen distorsionada y sin conciencia. Ella como poeta quiere interrogar al espejo, confundida por las formas, pero como filosofa mantiene la conciencia en vigilia. Decide  Ana María buscar esos ojos interiores que miran hacía dentro, donde late el corazón,  quiere que  sus ojos  traspase más allá del espejo para contemplar esa pizarra en la que se escribe el pensamiento humano. Lo consigue,  y encuentra otro tiempo que le pertenece: ¡Mirarte!/ No temas mirarte/ Ante tu inexistencia se abre el camino/ que te guiara a ser parte de/ un tiempo, que sólo tú medirás/.

 Ella intuye la existencia del “Paraíso Perdido” porque tiene conocimiento de que existe: un tiempo, que sólo tú medirás. Ana María como humana clama habitarlo: / álzame en tus maternales brazos / hacía la luz que irradia tu fuerza/ Tiemblo, tiemblo ante tu imagen/ más no siento vértigo a tu altura.

Ahora sí, es sabedora del lenguaje sagrado porque ha adquirido el conocimiento y no se conforma con los reflejos: / Aquí, al otro lado/ de tu reflejo, creo en mi fortuna /despojada de todo vestir,/  Sabe que desnuda, desposeída y libre de ataduras podrá habitar la ciudad donde está el Paraíso Perdido y,  “ser la yedra”.  El alma esperanzada  que  anhela llegar y otear el horizonte trepando los insalvables muros.

Llegado a este instante, ya poseída por la “Palabra”, quiere crecer en el Verbo como fuente que mana y da vida: / he de darme a la luz/ desde esta soledad/ que ha roto el silencio/ Agradecer el don/ que me ha sido otorgado/ Nacer en la palabra/ y crecer en el Verbo/

  Ana María ha  conseguido sus objetivos: inquietar al lector/a  acercándole a las obras de María Zambrano. Y dar a conocer la personalidad de su protagonista, esto último lo vemos en  poemas como: La niña veleña”, “Exilio”,”Condenada a vivir” Antígona.

Y culmina con un breve poema dedicado a la “Razón poética” (método- guía), cómo queriendo recordarnos que toda realidad  se oculta. Y, que ha sido  necesario seguirlo para comprender el pensamiento de María Zambrano. /Ideal y realidad  abrazados al sueño que somos./

Lector/a, en ti queda, reposar estos versos llenos de vida, para que tu mirada sepa hacerlos tuyos.

                                                                                              José Marcelo Ruiz

                                                                                                  ( poeta)

(1) -Cita tomada del libro:  Algunos lugares de la poesía de María Zambrano (pg.. 65-66)- Editorial Trotta.- Edición de Juan Fernando Ortega  Múñoz.-

(2)- Cita tomada del libro:  Algunos lugares de la poesía de María Zambrano (pg 11 Editorial Trotta.- Edición de Juan Fernando Ortega  Múñoz.-

(3).- Cita tomada del libro:  Algunos lugares de la poesía de María Zambrano (pg. 103)- Editorial Trotta.- Edición de Juan Fernando Ortega  Múñoz.-

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