Prólogo: “De lo humano a lo divino” del poeta José Marcelo Ruiz, sobre el poemario “La mirada inquieta” de la poetisa Marta Verdura Aguilar.

20170227_152406-11Estamos ante una obra poética en la que la autora Marta Verdura, nos desentraña toda una vida, su vida como poeta. Pero es también la tuya, como ser humano que habita este universo.

Y lo hace con un lenguaje cargado de conceptos y ricas imágenes, como los autores del siglo de oro de nuestra literatura: Calderón de la Barca, San Juan de la Cruz… Porque la poeta nos habla de lo humano y lo divino, de su visión filosófica sobre la vida.

Es su primer libro que da a luz, tardío sí, pero es el compendio de varios poemarios que podría haber sido publicado, y que ahora se nos presenta como una obra completa: Cuerpos, Presencias, Asonancias, Ensueños.

Abrir las páginas del poemario es andar nuestro camino, el tuyo, el mío, el de todos. Haciéndonos cómplice de La mirada inquieta.

Descubrimos que el hombre es: Artesano incoherente que usa Asbtractas palabras que juegan a ser, que se inclina a tocar el agujero por el que se asoma y se va la vida. Porque los brazos del tiempo mueren cada instante.

 El acto reflexivo que hacemos al mirarnos, es consecuencia de mirarse en el espejo, “en lo otro”; que es la piedad de la que nos habla la pensadora María Zambrano: “El oficio de la piedad es su arte de tratar con lo otro, con uno mismo, cuando nos hacemos otros o cuando todavía no hemos dejado de serlos” Porque la piedad es la cualidad que nos hace ser humano, nos tiende el camino a entendernos con los dioses, con lo divino. Éste es el ejercicio y método que sigue Marta, nuestra autora.

La poeta con los pies hundidos en el barro de esta tierra humana, alarga sus brazos hacia el cielo; y quiere ver, oír, sentir lo divino. Así es cómo me gusta que sean los poetas, que bajen a los infiernos de sus entrañas, para después mirarse y preguntarse; luego volver a interrogar y suplicar a los dioses como un pordiosero: Yo estoy aquí, en este cuerpo, /enfermo de consideración y lástima. Encontrar algunas respuestas: Soy yo mi cuerpo:/ Esa es la respuesta y la pregunta. / Mi cuerpo/ chocando con paredes invisibles/ que separan aún más nuestra sustancia.

La mirada inquieta va mostrando nuestra naturaleza humana: el amor, el odio, las flaquezas del cuerpo, la grandezas del alma […]labios silenciosos empapados de néctar,/ néctar sazonado con lujuria y canela…

Le duele la vida humana que muere, en la que el hombre devora al hombre, por lo tanto, se devora así mismo: Esa mirada… esa última mirada/ denunciaba la miseria de la humanidad. Y conocedora de que la culpa es de las fronteras, de sus fronteras levantadas, que le hacen vivir en las cavernas encerrados sin ver la luz que hay fuera: Y miró hacia fuera/ con el coraje de derribar las fronteras./ Creó imágenes de fraternidad/ […] a esperar que todos los dolores del mundo/ se instalaran en otro tiempo.

Acogiéndose a nuestra tradición greco-latina, nuestra autora manifiesta una visión filosófica panteísta de la naturaleza del universo: sacerdotisa del hombre dormido –hablando de La Marque lo mece en el sueño indolente de la nave profana[…].

En donde el amor es manantial, cuya agua que brota da sentido a la trascendencia del ser humano: “Porque el hombre es el ser que padece su trascendencia;” así lo dice María Zambrano. Nuestra poeta, Marta Verdura, lo descubre: Si el amor en esencia […]/ te toma de las manos y te abraza,/ se convierte en música. Para más adelante llegar a la conclusión que la música representa: expresión pura de los números/ maravilloso vástago,/ mística sonora del Universo. Y afirmar después que la residencia de todo lo divino: el cielo; surge de la música: De la música emanó el cielo:/ El cielo abrió sus brazos/ y la dejó entrar,/ quedó embelesado.

Prosigue asombrándose, y ve en la caída del agua de la cascada como: […]sus aguas bordadas de lluvia/[…]Siempre buscan llegar al absoluto/ con su armónico canto alabando tierras/ entrechocando sus instantes eternos. Éstas son palabras mayores, caídas del alma humana de nuestra poeta, que como mística dialoga con la Naturaleza Divina del Universo. Sabedora, sí, que tanto en lo humano como en lo divino, lo importante es: aprender a mirarse en los ojos de los otros que revela la clave del arcano/.

Nos habla también de la tristeza del alma humana: La tristeza empaña los espejos dorados por el sol,/ renuncia a reflejar la belleza de la noche estrellada. De la fuerza de la fe que reside en la voluntad, en la confianza, nuestra poeta la toma como guía para caminar: La fe se ha ido de viaje, a veces sin regreso/ bajo la sombra majestuosa del universo: /[…]Palpitando de vida…

Adentrándonos en la lectura pausada de la obra, conducidos por el planteamiento de la autora y su método de mantener La mirada inquieta; llega el instante que nos damos cuenta que somos actores de El gran teatro del mundo”. Asunto del que la autora es conocedora, de esa tradición literaria, y nos acerca al auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca, que nos recuerda los versos: No olvides que es comedia nuestra vida/ y teatro de farsa el mundo todo/ […]y que todos en él somos farsantes.

Escondida tras la máscara del personaje que representamos en el escenario de la vida, la poeta elige al payaso: Payaso que llora tras su máscara/ lágrimas de engaños, de mentiras./ Llora:/ Nuestras lágrimas/ para sentirnos bondadosos. Porque ella es consciente de que ése es el verdadero papel: ser humilde y generosa.

De lo que se trata en este poemario es de lo humano, de lo divino. La autora con su método la mirada inquieta nos va presentando su visión filosófica sobre la vida, como lo hace el místico San Juan de la Cruz. En su caminar es sabedora que el cansancio, un día le sorprenderá; aunque siga oteando el horizonte. Ella nos dice que cuando llegue: El día que yo me vaya, me iré callada y serena…/ […]sonriente/ envueltas en mil rosas rojas dando gracias por/ quererte.

Porque:

Todo lo que hay soy yo. Sólo hay Uno.

El no tiempo, el no espacio, el infinito.

Todo lo que hay somos uno.

En ti, queda, lector, lectora, como hombre o mujer, andar el camino dialogando con “lo otro,” contigo mismo y, en solidaridad con el universo.

José Marcelo Ruiz

(Poeta)

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