La vuelta al trabajo

imagen sobre el trabajo jpg Septiembre parece ser ese ladrón que se ha escondido en la penumbra del atardecer del verano, queriendo robar cada día un poco de luz. Aparece y nos cubre con su mirada. Una mirada que para unos ha supuesto dejar de trabajar esos días estivales, y para otros la vuelta al trabajo.

Septiembre es siempre impredecible, o nos trae lluvia y tormentas, o bien es seco y se alarga el veranillo de San Miguel. La vuelta al trabajo es un cambio brusco que nos atrapa anímicamente, porque nos exige adaptarnos, después de un descanso veraniego, dejando atrás los reencuentros familiares y las nuevas amistades.

Lo bueno que tenemos los seres humanos es nuestra capacidad de adaptación y de relación. Ambas aptitudes siempre están a prueba, porque requieren un aprendizaje continuo. La adaptación es ir actuando ante las circunstancias que se nos presentan, para conocernos mejor, cada día, y aceptarnos cómo somos. La relación humana nos exige convivir, ser partícipes de la vida.

La profesora estadounidense Mary Wiemann dice que “las relaciones interpersonales, ya sean en el ámbito familiar, social o laboral, implican gestionar emociones, enfrentarse a sucesos desagradables y emocionantes […] Supone negociar las formas de vida en su conjunto para acomodar las propias necesidades y las necesidades de la otra persona”. Los factores que hay que tener en cuenta para mantener una buena convivencia son: la comunicación, el respeto, la comprensión, la cooperación, y la aceptación. Esto llevado a la vida laboral, en un clima de confianza, supone reforzar la integración social del trabajador, que repercutirá en su nivel de competencia y eficiencia.

La integración social conlleva el reconocimiento de ser persona, la satisfacción de participar en el ámbito social de la vida: en las asociaciones, en el trabajo; aportando lo mejor de nosotros, y sintiéndonos valorados.

Pero siempre estaremos en la tesitura de elegir: “Si se vive para trabajar o se trabaja para vivir.” Estas palabras nos ponen en una disyuntiva, es una paradoja que consigue que reflexionemos, pero la respuesta o elección debe ser evidente: lo que importa es la vida.

Cuando se realiza el trabajo como un acto vocacional, no pesa; por el contrario, nos dignifica y nos hace crecer, aportando lo bueno que llevamos dentro, porque se hace con alegría, con amor, y es productivo, deja huellas en los demás. Esta manera de entender el trabajo va en la línea del pensamiento del actor británico Jim Fox: “Mi padre siempre me decía: encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida.”

Si tu situación no es la del actor británico Jim Fox, te queda la alternativa de aceptar el trabajo como un derecho y un deber, que así se define. Debes exigir que te traten con dignidad, así como actuar con dignidad. Porque si no serás esclavo del trabajo y de ti mismo.

                                                           José Marcelo Ruiz

Este artículo se ha publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el viernes, día 21 de septiembre de 2018. Mi agradecimiento al director del medio  D. Francisco Gálvez  y a su equipo de redacción por su interés por temas culturales, de pensamiento y opinión.

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