Diálogo con el alma

  ImageMarta Verdura Aguilar, poeta, presentó su poemario Luciérnagas, el pasado viernes, día 22 de febrero, en el Centro Cultural “Virgen del Carmen Antigua Azucarera” de la localidad de Torre del Mar (Málaga). Con la colaboración de la Tenencia de Alcaldía de Torre del Mar, presentó el acto Antonio Soler, coordinador de cultura y  David Vilchéz, Teniente Alcalde de Caleta.  La presentación de la obra estuvo a cargo del autor del prólogo, el poeta José Marcelo Ruiz. El acto fue amenizado con la actuación de Carmen López al cante,  y a la guitarra, Manuel Bajo.

 

El poeta José Marcelo Ruiz  comentó sobre el poemario Luciérnagas:

Cuando la ausencia está presente y, se padece por ella. La soledad aparece dialogante  y busca el alma; hace que  el alma se manifieste. Surge ese diálogo del ‘ser’ consigo mismo y en armonía con el universo. De esto, se trata este poemario Luciérnagas que camina en la ‘noche de los tiempos,’ en esa noche oscura del alma.

 La autora Marta  Verdura nos expresa que  “su ausencia se hace presente: en cada planta,  en cada árbol, /en  su rincón, en su calle, en su música y las palabras que pronunciaba. / El amor es una especie de sueño/  con esta tristeza que se ha quedado dormitando, esperando que algo suceda. / ¡Qué terrible incertidumbre!

Como poeta realiza una profunda introspección; bajando a los ínferos del ser.  E  igual que hizo  el profeta Job,  ella como humana también se pregunta, y clama al cielo para que le dé respuesta a lo que siente: “Esta tristeza húmeda y profunda se mezcla con un dolor  que me raja mi alma.”

Esta tristeza tan honda le hace identificarse con el pesar de María Zambrano, y Marta se siente también, “abandonada de la palabra, llorando interminablemente como si del mar subiera el llanto, sin más signo de vida que el latir del corazón  y el palpitar del tiempo en sus sienes, en la indestructible noche de vida. Noche misma.”  Estas palabras están recogidas en el libro de la pensadora veleña, Hacía un saber sobre el alma.

De  Las coplas a la muerte de su padre, del poeta del siglo XV, Jorge Manrique, al Romancero de ausencia del poeta Miguel Hernández, existe toda una tradición poética que expresa el sentimiento de  la ausencia. Este poemario Luciérnagas bebe de este manantial, pero también participa de la ascética y de su estética visionaria; logrando una acertada simbiosis de ambas tendencias. La autora nos entrega poemas donde el alma se desnuda y la ausencia es motivo de búsqueda. Utilizando el  método de ascesis, consigue revelarnos la naturaleza humana y divina: “Y el alma se aleja para encontrar certezas. / Cuando  abro los ojos, me veo en un lugar que no conozco.”

La autora emplea un lenguaje diáfano, con imágenes precisas para decir lo inefable. Particularidad con la que consigue implicar al lector en la comunicación de sus sentimientos. Nos presenta versos largos, abiertos a la comprensión.

Prosigue su diálogo con el alma, lo hace con todos los sentidos y, sobre todo,  con la cordialidad del latir del corazón: “En este viaje, la naturaleza del alma  es como la luciérnaga que  ilumina. /  Envejecer es, simplemente, estar paseando por el camino que conduce / a la trascendencia. / Poco, a poco, el amor se define, se concreta, / se convierte en el fulgor de la energía divina que nos prepara /para el conocimiento y  para comprender la clave de todos los misterios.”  El amor  es la única tabla de salvación para pasar este caudaloso río, que es la vida.

La autora nos va desvelando el significado del título de este poemario Luciérnagas, cuya imagen metafórica representa la naturaleza del alma humana. Que como luz ilumina  esa oscura ‘Noche’,  donde, como ella descubre,  “crujen las entrañas cuando la quimera habla, / hace que parezca verdad la realidad que no es. […]  Confusión que muerde directamente el corazón,  dejando  vacía el alma.”  Pero, gracias a la fuerza del amor se le revela, de manera intuitiva, los secretos del universo, aunque no sepa explicarlos.  Porque como ella nos dice: “Cuando se comprende a sí mismo, nada se oculta: se sabe, se siente, /se grita al cielo con pasión y se está en el camino hacia la otra Verdad. “

Y, con la pasión del místico, la poeta descubre en la naturaleza del universo,  la naturaleza humana y la naturaleza divina, nos lo confirma con estos bellísimos versos:

“Sé que existes  cuando  siento el amor que me rodea. […]Sé que existe,  porque creo en la vida,  en ese niño cuando su inocencia vuela, […] Sé que existe cuando el agua del mar se me escurre entre mis dedos¸ […] Porque sé que ni el agua, ni la arena, ni las mismas olas volverán… […]Pero sí, mantendrá la misma esencia. / De la misma esencia de la que eres ‘TÚ‘. ”

                                                                       José Marcelo Ruiz

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