La poesía, una utopía del siglo XXI

artúculo sobre la poesíaLa poesía, como es hija de su tiempo, siempre ha ido unida a la realidad histórica que ha vi­vi­do. El verdadero poeta ha sido y es trasmisor de los sentimientos de un pueblo, poniendo su sensibilidad a su servicio, a esa realidad humana con la cual se identifica. To­da actividad creativa que dé la espalda a la rea­lidad, cae en el va­cío. Esta concepción es la defendida por María Zambra­no, porque ella une fi­­losofía y poesía en su método “la razón poé­­tica”, en la que an­­tepone la intuición a la razón. Ella nos ha­­bla del poeta-filósofo, que define co­­mo: “el poeta que en su pensamiento ha conservado ese vín­culo sagrado con la rea­lidad”.

En la complejidad de definir la poesía, ésta se ha visto malparada por los críticos literarios que la han encasillado en función de cómo se presentaba: género literario de expresión rítmica musical con estructuras de estrofas definidas. Es en el siglo XX cuando se plantea otra visión nueva, se comienza a preocuparse más por el mensaje, buscando otras formas de expresión con la finalidad de liberarla de su encasillamiento. Nace la mal denominada ‘poesía libre’.

En las vanguardias se da una preocupación por la sonoridad  y la imagen que proyecta la palabra; buscando con ansiedad la identidad de la metáfora. Esta actitud gana en la calidad expresiva del lenguaje, pero facilita menos la comunicación, quedando en un lenguaje inteligible para una minoría, lo que supone alejarse de la sociedad. La otra tendencia está representada por los seguidores que tienen siempre presente el mensaje y la preocupación por la realidad social y humana en la que viven; buscando modos de expresiones donde el significante y el significado tengan un único cuerpo. Dos tendencias que tienen sus orígenes de referencias  en poetas como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Ambas tendencias son acertadas, porque son dos visiones de expresión de los sentimientos humanos. Pero el problema radica en la comunicación, en hacer cómplice o no al lector. Si se crea un lenguaje poético cerrado, que  sólo es inteligible para una élite de poetas y de críticos literarios, se cae en escribir para una minoría. Se acusa, erróneamente, de que la poesía es minoritaria. Es minoritaria porque la han llevado a ese estancamiento.         El verdadero poeta debe pensar en los lectores como personas que viven y sienten, y saber que para hacerle partícipe de la poesía, no sólo le bastan campañas de acercamiento: de recitales y lecturas poéticas. Es necesario que escriba para ellos, le hable de tú a tú,  compartiendo los mismos temas humanos. Este es el camino para rescatarla de su estancamiento y llevarla a sus orígenes, donde nació: en ese instante en que la madre abraza a su hijo recién nacido, y le canta una nana.

En estos primeros años del siglo XXI se ha producido un avance tecnológico que  ha traído la comunicación global, pero por los derroteros de un mundo digital. El individuo queda hundido en la ‘masa’, deshumanizado y perdido en las redes. Esta nueva situación nos conduce a pensar sobre la función de la poesía en el presente siglo, a plantearnos que  no son válidos los conceptos adquiridos históricamente: los que hasta ahora entendíamos por poesía. Habrá que redefinir su función y su concepción, siendo necesario realizar una interiorización a las entrañas de la sociedad. Partir desde su inicio, rescatando al ser humano y su humanidad. Porque es hora que la obra poética se manifieste. Hable ‘la forma’ como ‘el fondo’. Hay que eliminar ‘la forma’ como representación vacía, hasta conseguir que sea un todo: un lenguaje de expresión del pensamiento humano. Que haya unidad entre el significante y el significado, para lograr que  surja la metáfora de la luz que refracta la realidad de nuestro ser y vomitarla tal como la siente nuestras entrañas. Rescatar al poeta-filósofo, ahora adormecido, despertarlo para que vuelva a asombrarse y expresar la realidad existente. Hay que reconocer la sacralización de la poesía pero, ante todo, su cualidad humana. Para conseguirlo es necesario mantener los pies clavados en el barro de la tierra, y con las manos agarrar ‘la boca de Dios’ para que hable,  descubrir lo oculto que hay en nosotros; recuperando la humanización.

Sacralizar la poesía significa llevarla a sus orígenes, reconociendo sus funciones humanas y divinas. Elevemos la poesía a su posición divina y, partiendo de aquí, buscar lo trascendente del ser humano. Así la poesía ocupará su lugar, al que alude María Zambrano, cuando nos dice que “la poesía habitará como verdadera in­ter­mediaria entre el mun­do oscuro infernal y en el de la luz, don­de las formas apa­recen”.

Cuando habitemos la poesía, sepamos que estamos sintiendo nuestras entrañas, las cuales están en los ín­fe­ros del ser, donde ahondamos para en­contrar las respuestas a tantas preguntas. Acercándonos a esta concepción de la poesía como entrañas, la veremos muy necesaria para vivirla de manera íntima y en comunidad. Que nuestro reconocimiento hacia la poesía sea el mismo compromiso que mantenemos con la vida. Toda manifestación creativa y artística que redunde en conocernos, en mejorar la convivencia social, es un acto poético. De algún modo, todos estamos llamados a sentirnos poetas, por el hecho mismo de vivir. Porque “ser poeta”, como confirma María Zambrano, no es el que acierta a versificar; “poeta es alguien que padece en su vida de hombre mortal, sujeto a todas las relatividades de la vida humana, el peso de lo más comprometedor, la responsabilidad más exigente, lo que proviene de decir lo aún no dicho, de expresar lo que gemía en el silencio, en las fronteras mismas de lo inefable…”.

Quiero finalizar con estas palabras: acerquémonos a la poesía, veámosla como un hecho necesario que nos hace ser más humanos. Atrevámonos a buscarla, a comprenderla y a vivirla. Aunque la concibamos como una utopía en este presente siglo XXI, pero es más necesaria que nunca.

                                                                                                 Reflexiones sobre la poesía

                                                                               José Marcelo Ruiz

                                                                                     (poeta)

Este artículo se  ha publicado en la revista malagueña La Garbía (de pensamiento, filosofía, literatura y arte) en su número 9, en marzo de 2020.

                                                           http://www.revistalagarbia.com/

Mi agradecimiento personal al editor de la revista Andrés García Baena  por su manifiesto interés por los temas culturales.

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