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POEMARIO “ A LA VOZ SONORA DEL AGUA”.- DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ.- PRÓLOGO DE D. JUAN FERNANDO ORTEGA MÚÑOZ.- (Catedrático Emérito de filosofía y Letras de la Universidad de Málaga) .

 a-la-voz-sonora-del-agua-001Me pide mi buen amigo José Marcelo que escriba el prólogo de su libro de poemas A la voz sonora del agua, obra como él me indica, inspirada en los escritos de la filosofa veleña María Zambrano, de la que incluye en su obra una breve recopilación de textos que encabezan los diferentes epígrafes.

Como es conocido, María Zambrano, fue una innovadora del pensamiento filosófico a partir de su inspiración poética, introduciendo un cambio radical en la corriente racionalista que dominaba su época, mundo de ensoñación idealista que creó a partir de Descartes una filosofía fundada sólo en la razón discursiva, ninguneando la intuición y la inspiración poética que nos da una visión más viva y directa de la realidad inmediata. Pues la intuición del “cogito cartesiano” no es en verdad una intuición, sino una pura y simple perogrullada.

María Zambrano inaugura un nuevo ciclo de pensamiento en la Historia de la Filosofía con su método de la razón poética.

 “El poeta- escribe la filósofa veleña– ha sido siempre un ser enamorado del mundo, del cosmos, de la naturaleza y de lo divino en unidad. Y el nuevo saber fecundo sólo lo será si brota de unas entrañas enamoradas. Y sólo así habrá apaciguamiento y afán, satisfacción, comunicación afectiva de una verdad que nos haga comunes participantes, iguales y hermanos. Sólo así será de nuevo habitable(María Zambrano: “Claros del bosque” pag. 58).

Es la Axarquía tierra de poetas y artistas, a los que inspira, sin duda, la belleza singular y la luminosidad de estas tierras, a las que los griegos denominaban los “Campos Elíseos”, que es tanto como decir: “tierra del paraíso”.

La obra poética de José Marcelo respira el aire de nuestro momento histórico con las inquietudes y vivencias que están latentes en la poesía de nuestros días, marcada por una sensibilidad extrema unida a la angustia metálica de la muerte y de la nada, como horizontes negativos del mundo de la esperanza.

“Si lloras mi ausencia/ sea/ como el río que se deshiela/ con el calor de un abrazo que da la vida. Porque sé/ que he de partir un día/ quiero agarrar tu mano/ como la tierra acoge la semilla.”

Temas como la soledad, la esperanza, el paraíso o la aurora, de que tanto habla María Zambrano, sirven de inspiración de los poemas más entrañables de José Marcelo. “Busco la soledad de los campos / y no la encuentro. / Cada árbol tiene sus recuerdos / y cada vereda sus huellas, / huellas que se pierden en el tiempo”

Los poemas de José Marcelo se iluminan de una visión esperanzadora, que “se alargará en el tiempo mientras quede una semilla por germinar.”

Cita aquí el siguiente texto de María Zambrano: “ Si miramos lo que permanece en nuestro interior bajo las creencias y aún bajo la duda, bajo la inquietud y en la quietud misma, es algo cuyo nombre más adecuado parece ser el de  la confianza”

 José Marcelo comenta: “Y sé de otra confianza herida de muerte por la duda/ como arena del desierto que cegó mis ojos, / paralizó mis pasos /borró las huellas del camino”. Pero José Marcelo afirma esperanzado: “y espero la respuesta/ como trofeo deseado por la paciente fe./ Es la piedad que persiste en las ruinas”

Deseo que este sentido poemario encuentre eco en tu tierra axárquica, que ya en sí misma es un maravilloso poema.

                                                 Juan Fernando Ortega Muñoz

                                       Catedrático Emérito de filosofía y Letras

de la Universidad de Málaga.

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POEMARIO “EL CORAZON RECIEN NACIDO” DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ.- PRÓLOGO DE DÑA MERCEDES JUNQUERA GÓMEZ (Catedrática emérita. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias)

LA VISIÓN FEMINISTA EN LA POESÍA DEL POETA  JOSÉ MARCELO RUIZ

el-corazon-recien-nacido-001  De niño ya se sentía poeta porque sabía amar las pequeñas cosas. Le gustaba descubrir el colegio de párvulos del colegio, o la idiosincrasia de sus gentes, o la escuela carente de recursos, donde aprendía lo básico para sentirse preparado para la vida, para ser capaz de soñar, compartir la vida con el amor.

José Marcelo quiere como todo ser humano encontrar en el amor el manantial que nos conduce a satisfacer la sed del espíritu. El poeta busca en su poesía las respuestas que la razón nos niega y cree como Unamuno que necesitamos un Dios que nos haga crear nuestro Universo y nombrar, como Adán todas las cosas.

 Cada cual se sueña a sí mismo con el deseo de compartir el sueño con los demás. De la imaginación y el Pensamiento humano nace la poesía y va descubrimiento en su camino la Sensibilidad y la Pasión. De ahí nace el Amor.

La poesía es algo consanguíneo en él, es su forma de ser. La presencia viva del entorno en que el poeta ha vivido en su despertar a la existencia es fundamental, porque es allí donde ha aprendido a serse. El ser humano se yergue desde el misterio de su nacimiento- de su mar- hasta el misterio de su muerte- su cielo.

El poeta al considerar a la mujer en igualdad con el hombre, se refiere a una doble genealogía: una biológica y otra histórica. La primera es fundamental para el reconocimiento de la segunda. Basada en la descendencia que la función de la mujer asegura, así mismo el lazo sanguíneo que nos une a la madre. Esto es lo que ocurre con la mujer en la poesía de José Marcelo. El poeta encuentra el modo de manifestar esta relación de la madre, con el hecho del nacimiento, subrayando la intimidad de un parto en que la pareja en sí son los protagonistas de una vida compartida con el Amor.

En su poesía José Marcelo desmitifica la función de Dios en el Génesis como supremo creador, regalando el acto de creación a las criaturas humanas. La imagen poética de la madre pariendo a sus hijos supone un espíritu artístico, filosófico y político con el cual quisiera nuestro poeta devolver el significado tan grande que tiene la relación entre el hombre y la mujer: esposa y esposo con su mano de mujer junto a la de la del hombre.

No digáis mi amor ni tu amor sino nuestro amor.

No digáis mi esposo ni mi esposa

porque no os pertenecéis

Decid: es el compañero o la compañera

que habita en vuestra casa.

 José Marcelo va buscando en sus recuerdos de niño, el granado de la ribera del río, el manantial que calmaba su sed, o la charla con su amigo el cabrero. Pero el poeta no ha encontrado la granada que se rajaba madura, ni el membrillo que se caía del árbol. Sólo ha encontrado un camino polvoriento, una carretera, un erial plantado de nuevo cemento. Por otro lado estos recuerdos de la infancia se enriquecen con la añoranza y puede observarse asimismo como la voz poética experimenta una intuición.

A medida que va construyendo este universo; cada poema del libro supone una etapa de este desarrollo, una variación sobre el mismo tema, hecho este que supone, como es evidente, otra forma de cohesión.

Además de “encontrar, redescubrir o inventar” el poeta resuelve la realidad inmediata y remota mediante una renovación de espacio y tiempo. Gracias a la palabra creadora, el poeta logra burlar el tiempo aunando pasado, presente y futuro, ser y ser siéndose dentro del mismo espacio poético.

Porque tú conoces mi nombre. Me llamas por mi nombre.

Yo respondo a tu llamada porque conozco tu voz.

Voy a tu encuentro como el hombre y la mujer para caminar

cogidos de la mano, enamorados, andar este paseo tan corto.

La vida que se nos va en un suspiro.

 La palabra en José Marcelo se extiende como redes mediadoras entre mujer y hombre, arte y vida, y el poeta y su mundo. El poema aparece como un espacio infinito donde confluyen presencia y ausencia, inmediatez y trascendencia mecidos por el vaivén de la creación. No es sin embargo una ciega utopía. José Marcelo es consciente de lo ilusorio de su empresa. Su poesía intuye desde muy temprano la agónica soledad en que la humanidad está inmersa.

Entre el todo y la nada, José Marcelo alza la palabra. Su lenguaje reclama lo imposible: el todo. Pero el todo es un concepto binario que carece de sentido sin su contrapartida: la nada. Entre el todo y la nada, el poeta asienta la palabra. Su palabra fluyendo entre ambos extremos. En su apasionada fe en la palabra, el poema, la poesía, es lo único que nos salva del abismo ahora, lo único que nos podrá salvar más tarde.

Yo soy palabra que levanta el vuelo muy alto.

Tú vienes a mi búsqueda, y yo te espero.

Y si tú me nombras voy a tu encuentro.

Soy la palabra que busca el preso que grita libertad.

Está en el hombre que rompe el fusil y grita paz.

Está en la madre que ha parido y pone nombre

de amor a su ser.

La necesita la infancia sin escuela. Los que mueren de hambre

y sufren los males de las guerras. Yo voy a su encuentro,

se la entrego. Para que la haga suya.

Porque yo soy la palabra que levanta el vuelo muy alto.

…….

Porque la palabra es más palabra cuando tú la recibes y la haces tuya,

y se unen a otras palabras, se hace una frase,

las frases se unen y hacen un libro de palabras que todos conocemos,

 y las palabras del libro se hacen sangre.

Sangre que corre por las venas y da vida al corazón humano.

 

Y la palabra alcanza un vuelo muy alto,

tan alto que el tirano no lo domina.

Porque siempre hay voces libres

que me conocen. Yo las conozco.

 En la obra de José Marcelo podemos encontrar una respuesta feminista que explora la naturaleza, la lengua y la visión del mundo de la mujer como poseedora de rasgos esenciales pero desconocidos culturalmente. Asimismo, su poesía contribuye a la ampliación de dicho patrimonio literario, a la par que ofrece una valiosa aportación al pensamiento feminista actual.

Mercedes Junquera Gómez              

( Catedrática emérita.                      

Miembro de la Real Academia de Bellas Artes    

Ciencias)

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO: “EL CORAZÓN RECIÉN NACIDO” DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ.- POR ANTONIO FORTES GÁMEZ- EN El CENTRO DEL EXILIO DE VÉLEZ- MÁLAGA.

Vélez- Málaga ,  21 de abril de 2016

 

el-corazon-recien-nacido-001José Marcelo es ya, un veteranos de los ambientes literarios de nuestro entorno geográfico, comarcal y de la provincia de Málaga, en los que ha participado y sigue haciéndolo muy activamente. Por lo que “no” estamos hablando de alguien ajeno al hecho literario y en este sentido, de un desconocido, sino todo lo contrario, nos encontramos frente a un incansable trabajador de la poesía. Un ser pasional en el que la poesía no es más que su vehículo personal para caminar por los entroncados senderos de la vida y exhortar al mundo en el ejercicio de los valores del humanismo.

Nace, en su inquietud literaria, al borde del mar mediterráneo, en una Axarquía cada vez más pletórica de color y de versos, de la no puede sustraerse a este aroma. Como tantos artistas y pensadores ha sabido recoger el mensaje que el viento del mar arrastra; esa pesada carga histórica que nos aporta toda la cultura clásica que desembarcó en estas orillas y que nos condiciona desde Homero a Ovidio hasta llegar a Machado, Hernández o Lorca, entre tantos y tantos.

José Marcelo ha elegido, en su viaje personal, el género poético para manifestar y desentrañar la condición humana y por ello es un poeta que asume la esencia del pensamiento humanístico de la cultura mediterránea. Se muestra, decididamente, como un luchador por los derechos universales y un defensor de las bondades que proclama la humanidad. La complejidad del entramado social, la inmoralidad, la maldad y la perversidad que asola el mundo le genera parte de esa angustia que le lleva a refugiarse en la poesía. Y desde esta trinchera de la reflexión, combate con tesón y con su palabra “desnuda” todas las amenazas que nos describe en sus textos.

Nos decía Jorge Luís Borges: “La poesía nace del dolor, la alegría es un fin en sí misma”.

La poesía de José Marcelo se convierte en un cántico de esperanza, en una llamada a la paz y en una exaltación constante al amor:

No digáis mi amor ni tu amor sino nuestro amor”

Él como poeta desea que todos seamos ciudadanos del mundo, sentido éste por el que invoca y reclama un nuevo “status”, en que el ser humano como “persona” sea el auténtico actor y protagonista. Y en su llamada, alienta a la eliminación de las barreras que separan y diferencian al hombre en su condición social. Aboga por una igualdad que cree posible, más allá de los falsos idealismos y dogmas caducos. Cree firmemente en el hombre y en su responsabilidad ante el destino. Cree en la educación y en el amor fraternal como savia para su salvación, que tiene su origen y final en la capacidad de amar del propio ser humano.

En sus textos es común leer palabras que invocan a la llamada solidaria: compromiso, feminismo. Y nos dice: ¡Despertad al nuevo mundo!

 “No os sintáis en el derecho de ser respetados”

“Si no habéis aprendido a respetaros”

Por ello, nos encontramos ante un poeta que exhibe en sus versos, no sólo un modo de unir palabras con una misión fonética y aliterativa, buscando la belleza poética en la palabra, sino que estamos ante un poeta fielmente comprometido con el ser humano y su colectividad: la humanidad.

“Yo no quiero símbolo ni bandera que haga frontera”

“No creo en el infierno: si el infierno lo haces tú, tirano, con el dolor ajeno”

Es indudable que las personas tenemos una tendencia natural por dejarnos influir y alimentarnos con causas sociales o con otras personas, cuya cualidad crean en nuestro consciente un espacio de predilección y por tanto de admiración hacia las propuestas que plantean. En José Marcelo existe una inclinación especial por la filosofía de María Zambrano, a la cual sigue, lee, estudia e interpreta, sintiéndose alumno de su pensamiento. La pasión por la pensadora se vislumbra en sus últimos textos y comentarios. Precisamente en este poemario la presencia de María Zambrano se deja ver en la defensa del feminismo, que no del dogma, como nos dice ella:

Aprender las formas de la superación del feminismo como estado de conducta personal, a través de la educación, donde hombres y mujeres deben confluir en la nueva escuela de SER PERSONA.”

Estas propuestas crean en José Marcelo una conciencia de “ activista humano”, de defensor de la tolerancia y de los valores de la especie, por lo que proclama que el siglo XXI debe ser el siglo del encuentro y del fin de la desigualdad. Y manifiesta que es la mujer el factor destinado a la superación, como un objetivo más a vencer en esta crisis social y, como todas injusta.

“Yo creo en el hombre, en la mujer

Cuando se unen y se sienten humanidad”

La mujer tiene para nuestro autor, una especial consideración como símbolo de lo humano, actora de momentos cumbres en la historia: como protagonista, como eje fundamental para contribuir a cambiar el ideario patriarcado, desde la ilustración al siglo XX, pasando por la revolución francesa. Mujeres comprometidas fueron Rosa Luxemburg, Marie Wollstonecrat, Simone de Beauvoir y como otras muchas más…

Y en este marco de pensamiento y compromiso social podemos encontrar a José Marcelo, su única arma para esta contienda: LA PALABRA, que encadenada y hecha verso conforma su poesía. Y nos dice:

“ Yo escribo la palabra que viene brotada de lo hondo

de donde el agua no está contaminada.

Te la ofrezco clara, lúcida, para que tú la hagas tuya,”

Su propuesta camina hacia el noble deseo de un mundo más justo, y apoyándose en la tesis de la filosofa María Zambrano, reclama un mayor compromiso de la ética compartida entre el hombre y la mujer, como esencia propia de lo humano.

Y este último trabajo, por tanto, se descubre y nos muestra a un poeta nuevo. Pese a que sus ideales de compromiso social siguen invariables, él nos regala una visión más plena, de madurez. En la que su mundo poético evoluciona hacía el deseo de comunicación, sin abandonar los planteamientos intimistas y líricos.

En la estructura de la obra podemos observar, que unidos al cuerpo de los veinte poemas de que se componen el poemario. Cada uno, de ellos, está iniciado por una cita en versos de autores seleccionados. En conjunto forman parte de su corazón poético, conmoviendo su fibra sentimental.

He de hacer la observación: que todos los autores citados comparten un denominador en común y orientador que, de alguna manera, ejercen una influencia sobre José Marcelo como poeta. De todos estos poetas, hay que destacar que la mayoría están enclavados históricamente en el movimiento generacional del 98, del 27 español, exceptuando dos clásicos modernistas y, al padre de la poesía Norteamericana, Walt Whitman.  Todos ellos comparten el desgarro evidente de la época que vivieron, y son partícipes de un rasgo en común que los identifican, a la hora de escribir, y, que igualmente, comparte nuestro poeta José Marcelo, formando su esencia poética y espiritual: todos mantuvieron una actitud de defensa de las libertades del ser humano y la paz.

Nos comunica en su brillante prólogo la catedrática, académica y admirada amiga Dña. Mercedes Junquera, en su elaborado comentario en el que sintetiza con suma agudeza la esencia de esta obra:

El poema de José Marcelo aparece como un espacio infinito donde confluyen presencia y ausencia, inmediatez y trascendencia mecidos por el vaivén de la creación. Su poesía intuye desde muy temprano la agónica soledad en la que la humanidad está inmersa.”

Antes de terminar con la lectura de una estrofa del presente libro sólo decirles que:

  • Detrás de José Marcelo, poeta, no hay nadie más que José Marcelo, persona”

No busquen nada más, sólo un corazón humano abierto de par en par.

Del poema titulado: “Porque la palabra es palabra”, leo esta estrofa:

Yo soy la palabra que levanta el vuelo muy alto:

Tú vienes a mi búsqueda, y yo te espero.

Y si tú me nombras… voy a tu encuentro

                                       (José Marcelo)

Muchas gracias a todos y todas-

                                                                                   Antonio Fortes

                                                                                   Concejal de Cultura

                                                                                   Del Excmo. Ayto. Vélez- Málaga

 

 

 

 

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO: “EL CORAZÓN RECIÉN NACIDO” DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ.,- PRESENTADO POR ALFONSO GIL MANTECA.- EN EL CENTRO DEL EXILIO- VÉLEZ- MÁLAGA.

Vélez- Málaga, 21 de abril de 2014

el-corazon-recien-nacido-001El tiempo se pierde, porque nos desentendemos de lo que pasa en nuestro entorno; se nos olvida que existe. Su existir es pasar quedándosedice María Zambrano. También decía don Antonio Machado: “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”

 El poeta José Marcelo me concede el privilegio, en esta tarde- noche, que yo sea el relator reflexivo, refinado, que haga una referencia a su poemario: El corazón recién nacido, para obtener el refrendo del pueblo.

José Marcelo es un poeta vivo, con una presencia participante y comprometida. Por eso, nos regala los versos con la cercanía de un poeta en la calle, dispuesto a dar recitales a quienes se lo pidan.

Consigue así que almas generosa, como la de Dña. Mercedes Junquera, (Catedrática emérita, Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Toledo), se implique y es la autora del prólogo. Así como Eduardo Roberto, pintor de Vélez- Málaga, es el ilustrador. Ambos hacen más atractivo su libro de versos: El corazón recién nacido. Palabras que anuncian un corazón que pretende el flechazo.

José Marcelo es un niño ingenuo, trasparente, que nos señala la deuda con sus maestros:

  • Juan Ramón Jiménez: “inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas.”
  • Khali Gubran : “ el amor no posee ni es poseído.”
  • Blas de Otero: “el amor humano es una flecha”
  • Pablo Neruda: “los ojos del tiempo bajo el oceáno”
  • Federico García Lorca: “la raíz de la verdad de las cosas equivocadas”

José Marcelo se considera un lazarillo del amor ciego. Un niño travieso convertido en cuenta cuentos. Nostálgico “del membrillo y la granada, de su amigo el cabrero y del molino en el arroyo seco”, con ello nos rememora su infancia. Busca la verdad “en la cárcel, en los hospitales o en las fronteras”. Huye de los miedos infantiles con rebeldía juvenil. Quiere tener la madurez y la sabiduría de la vejez. Quiere “Que esos hijos que no nos pertenecen, vuelen alto…” Quiere ser uno de “esos corazones que nos golpeen como una llama” (Emilio Prados).

Porque como Virginia Satir, nuestro poeta cree que “el mejor regalo es tocar a otra persona”. Busca nuestra mirada, la sonrisa y el perfume, para abrazarnos con dulzura. Pide que rompamos los espejos cuando nos miren con otros ojos (que “son ojos porque nos ven” decía Machado).

José Marcelo es rebelde y valiente porque reclama “pan y justicia”, como lo hacen las madres de los huérfanos de guerra. Reclama esperanza para la juventud, que sin futuro, viven en el infierno de los tiranos. A él, le duele también, a quienes ganan su sustento. Cree en la humanidad, en el hombre, en la mujer. Cree en “esta tierra que piso y amo”. Le duele la ciudad de los “chirridos inhumanos (Celaya). Porque se pierde atropellado por una muchedumbre, “que no se mira, no se huele, no se toca, no se escucha”. “Y a él, que quiere ser un peregrino pordiosero de la palabra, le dan el carnet de peatón y lo han empadronado”.

Porque él quiere recuperar la humanidad. Crear un corazón nuevo e infinito: “derribemos la Torre de Babel con el lenguaje universal del amor”. “No quiere que se llene de lágrimas la soledad de los hombres· (Como dijo Blas de Otero). “ No inventemos un dios tirano que nos someta, vayamos al encuentro del otro que nos espera”. “Porque todo dice que sí” (Pedro Salinas)

 Y yo suscribo sus deseos, su intención, su mensaje: “tenemos una voz cálida, brazos para estrecharnos, razones, sentidos, el sol, la lluvia, el deseo de vivir con ese amor nuevo renacido”.

                   

                 Que buen día hace para vivir

                    rompamos las alambradas

                    de nuestras fronteras.

                    Hagamos el amor

                    con una carcajadas de sonrisas,

                    para verlo todo azul

                    como el mar y el cielo de su nombre.

                                                                                   Alfonso Gil Manteca

            Profesor- Miembro de la S.A.C – Vélez- Málaga)

                                                                        

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “EL CORAZÓN RECIEN NACIDO “ DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ.- -Por Rafael Segovia – En la Tenencia de Alcaldía de Algarrobo- Costa.-(Algarobo) (Málaga)

 

23 de abril de 2014

el-corazon-recien-nacido-001Buenas tardes, amigos y amigas, autoridades municipales, y estimado público:

Hará en torno a dos meses que recibía la llamada de José Marcelo, en ella me contaba apasionado su nueva aventura literaria, su libro de poemas “El corazón recién nacido”. Y me lo describía con la ilusión de esa madre que toma entre sus brazos, por primera vez, a su hijo recién nacido. La ternura de esa abuela que acaricia las mejillas de su nieto cuando lo tiene en su regazo

Y se llenaba la boca de agradecimientos sinceros: gracias a la vida por permitirme gozar de la vida, sentir los sentimientos: de alegría, del llanto, del miedo, del amor.

Gracias por todo lo que recibo y doy, escribir en mis poemas lo que siento y vivo. Mil gracias a mi pueblo, Algarrobo, que me vio nacer, crecer y marcharme, pero que siempre está presente en mi corazón. Gracias a vosotros, me decía, por ayudarme a parir mis libros y que se conozca en mi pueblo.

Y se guardaba para el final de su conversación algo que no me esperaba: “Me gustaría Rafael que me presentase este poemario.” Y sin causa justificativa, que me impidiera decirle que no, acepté. Aquí estoy, orgulloso, para hablaros de José Marcelo y de este nuevo poemario “El corazón recién nacido”, que es un parto gestado desde lo más profundo de sus entrañas.

En este libro, José Marcelo se descubre y se muestra tal como es: se desnuda ante el mundo para mostrarnos su inmensa sensibilidad y humanidad. Se presenta con ternura y sosegado como un abuelo, frágil como un recién nacido. Pero comprometido con la sociedad que le ha tocado vivir, para ello es solidario como son las madres, como la amiga, la compañera.

Y veo en él, a un hombre culto formado, e influenciado y bendecido por la poesía más universal: Antonio Machado, Becquer. Pablo Neruda, Miguel Hernández, Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Walt Whitman, José Hierro, Blas Otero, Elena Martín Vivaldi, Emilio Prados, Federico García Lorca, pensadores como Miguel de Unamuno y María Zambrano…

José Marcelo es un poeta que se mete en el alma, en la anatomía emocional de los sentimientos más profundos y humanos. De la mujer ahonda en su capacidad de sufrimiento, de ternura, de cariño y amor de madre, que da mucho a cambio de nada. Nos muestra el AMOR en mayúscula en toda la extensión y plenitud de la palabra. Un amor que iguala al hombre y a la mujer porque nacen libres con el mismo dolor físico y espiritual. Porque no hay mordazas, ni censuras, ni ideologías dominantes, ni religiones, ni razas dominadoras y excluyentes. Así es “El corazón recién nacido que nos ofrece  el poeta José Marcelo.

¿Y qué más puedo deciros sobre él, y su obra poética que no conozcáis ?

Nació en nuestro pueblo, Algarrobo, en el año 1956. Cursó los estudios de Magisterio en la Universidad de Málaga. Vive en la actualidad en Torre del Mar donde trabaja en el colegio público “Vicente Aleixandre”. Ya en su tierna infancia se veía en él, ese carácter afable, humilde y reflexivo. Y es en sus años universitarios cuando se le empieza a conocer como labrador de sentimientos literarios, y la universidad le publica en un cuaderno algunos poemas, de su primer libro “EL otro ojo del tuerto”. Ha conseguido premios y menciones, en alguna incursión en el mundo del cuento: como “La Sombra de Segundo”, “Juanico, el niño momia”, o “Chispo, el perrito que tenía sentimientos”. Y es, en su obra poética, donde se siente “como pez en el agua”, con gran capacidad de dominio, cosechando obras de gran calidad y  variedad temática como: la trilogía “Las Visiones de “El Carmelo”, los relatos poéticos de “tardes de lluvia- ensueños”, el poemario dedicado a su infancia y a su primer maestro de escuela: “Poemas de cal y arena” – (Desde la cuna de mi pueblo, Algarrobo.-)… Éste último tuvimos la satisfacción de presentarlo el año pasado, en Algarrobo

Y para culminar mi presentación, humilde y sincera, es mi deseo recitarle uno de los poemas del libro:

                    Yo busco las entrañas donde me dieron el ser

                                                           Se nace de una madre que jamás nos desprende.

                                                           Cual bóveda nocturna, sus estrellas, eternas,

                                                           Y ella nos cubre y somos, si ser ella es ser,

                                                           siendo…

                                                           Del poema: “La sombra”

                                                           Del libro “Diálogo del Conocimiento”.-

Vicente Aleixandre.

Yo busco las entrañas donde me dieron el ser.

Yo busco ese vientre fecundo de mujer que posee la creación.

La hago mía. Soy yo, su hijo amado. Ella es la madre…

La madre que pare la existencia de la vida

desde los tiempos inmemorables.

Ella es la humanidad que se hace vida para siempre.

La encuentro entregada en sus quehaceres diarios:

de ternura, amamantando al recién nacido, inválido ser

que acoge entre sus brazos.

La encuentro dolorida ante el sufrimiento de los inocentes

que sufren la tiranía de aquellos que matan

y comercian con la vida. ¡Malditos sean toda la eternidad!

La encuentro valiente:

porque lleva dentro toda la fuerza de la naturaleza.

La encuentro rebelde:

Porque reclama justicia y el pan que alimenta

a toda la humanidad: el amor.

Porque ella es la madre, la heroína que admira todo hombre

nacido de mujer. ¡Pobre, del que no la admire,

porque no merece existir.

Quiero persistir por ella. Llevarla como estigma

de mis actos. Presente en cada instante de mi existencia.

Porque yo busco las entrañas que me dieron el ser.

Las encuentro. Están en mí. Las hago mía. Soy.

Rafael Segovia

Concejal del Ayto. Algarrobo (Málaga)

 

 

POEMARIO: “POEMAS DE CAL Y ARENA (Desde la cuna de mi pueblo, Algarrobo)” .- PRÓLOGO DE CRISTÓBAL MARTÍN RIVAS (Licenciado en Literatura)

poemas-de-cal-y-arena-001Es gratificante para mí estar en contacto con la literatura, y de una manera especial con la poesía, y si es infantil, el placer y el gozo es superior. Y esa oportunidad me la brinda mi paisano José Marcelo con la invitación a prologar su nuevo libro: Poemas de cal y arena (Desde la cuna de mi pueblo, Algarrobo) Libro que me ha permitido acercarme a la memoria, al recuerdo… a mi pueblo.

Si nos preguntaran qué etapa de nuestra vida nos gustaría revivir, seguro que, sin pensarlo mucho, la mayoría de los adultos se inclinarían por la niñez. Necesitamos libros que nos retrotraigan a esos años impregnados de sosiego, de ternura, de ilusiones vivas…para que la infancia vuelva a apoderarse de nosotros.

Y José Marcelo, en un proceso de regresión nostálgica, se lo pregunta y se lo plantea al escribir este libro de poemas. Intenta redescubrirnos aquel pasado y revelar también a estos niños de hoy, con los que trabaja, el encanto de su infancia: la niñez en su encantador pueblo de Algarrobo, pues, como casi todos los poetas, su obra literaria es, en gran parte, autobiográfica.

Y lo hace con sencillez, como un niño. Con un lenguaje coloquial; con un tono festivo, unas veces, y otras con fuerza burlona. Con alegría y nostalgia, unos poemas evocan felices momentos y otros recuerdos tristes. Por eso son “poemas de cal y arena.” Y en todo ellos anidan la gracia, el ángel, el duende… de aquel niño- hoy-adulto-infantilizado.

Nuestro poeta escribe, además, “poesía moderna”. Verso libre. Alejamiento intencionado de las pautas de rima y metro propios de la “poesía clásica. Su poesía es poco convencional. Ruptura casi total con las formas métricas tradicionales. Como manifiesta Stephane Mallarmé: “cada poeta puede esconderse en su retiro para tocar con su propia flauta las tonadillas que le gusten.” Y esto no quiere decir poesía inferior.

Juan Ramón Jiménez decía a este respecto del versolibrismo: “Suele decirse que verso libre es verso descuidado. El verso libre admite, exige más arquitectura interna y externa que el regular… Si en el verso regular y rimado la medida la dan el número y la rima, en el libre, superior a esto, la dan inteligencia y gusto”.

 Y Gloria Fuertes, de grato recuerdo al hablar de poesía infantil, nos dice también sobre este aspecto: “Escribo sin modelo / a lo que salga, / escribo de memoria, de repente. / Escribo sobre mí / sobre la gente /… / escribo lo que salga”.

Y nuestro poeta, “escribe a lo que le sale, con las tonadillas que le gustan”, y así nos lleva a sus vivencias infantiles. Se hace niño y nos hace niños para trasladarnos al mundo de los recuerdos infantiles.

Inicia sus remembranzas, abriéndose el “Corazón de amor” Y a partir de ahí, nos transporta a ese mundo infantil de mitad de siglo pasado. Aquellos años, aún de penuria para la mayoría de chiquillos españoles, expresados en su vivir y en de sus amigos pueblerinos. ¿Quién no oyó el suave sonido de las olas que trasportan “armonía, amor y paz” con su “Caracola.”? ¿Quién no echó su “barquito de papel” en la palangana, bañera de cinc o en las aguas mansas o agitadas del río, con el sueño de un viaje? ¿Quién no vivió ese momento de placer efímero al abrir los sobres de cromos y ver que no te habían salido los que tú necesitabas y sí los temidos repetidos? o ¿quién no se sintió un verdadero futbolista jugando con el balón de papel… “que se lleva mi corazoncito”, hecho con el ardor ferviente de una abuela?

Nuestro poeta nos va alimentando a lo largo del poemario, de esos recuerdos, quizá con la intención de distraer, medio siglo después, la atención de una realidad tan distinta, y huir de la monotonía de esta vida cotidiana, tan alejadas de aquellas ilusiones.

Y en su viaje al pasado, en su poema “De niño mi pueblo era un pueblo de cánticos”, nos lleva a los pregones y pregoneros callejeros. José Marcelo nos traslada a ese ambiente en el que curiosos tipos populares, vendedores ambulantes o reparadores a domicilio, nos encomiaban sus mercancías u oficios, Y así, con esas voces zarzuleras nos arreglaban “ja-rri-tos  de  la-ta  pa-ra  los  ni-ños  de  la  es-cue-la” , blanqueaban “las paredes de mi pueblo”; o nos ofrecían la leche recién ordeñada o el queso fresco, el mollete caliente y tierno… o aquel cenachero con su boquerón “fresco, vivito, y del alba”… ¡Cuánto nos embelesaba el recitar en una esquina de la calle, del “ciego romancero”! Y de ahí pasamos al recuerdo de las voces infantiles en sus ruedas y saltos de combas: ¡La niña bonita no paga dinero!

Y nos traslada al mundo de la fantasía, narrado por nuestros abuelos, en esa “luna redonda en el agua de la alberca” que queríamos atrapar, ya que era imposible agarrar “al abuelo con el haz de leña” que todos veíamos perfectamente en el interior de la “luna redonda” de la noche estrellada.

Y también nos trae a la memoria esos primeros amores infantiles, en el poema “De niño me enamoré de una rosa. Rosa”.

 No deja pasar por alto el cariño y sentimiento de los niños hacía estos animales amigos de la infancia: el perro, el gato y el canario. Con nombres propios, como se trata a los amigos. El perroChispo”fiel amigo de la abuela. Mi gata RosanaMustafá mi gato… Misi, hermana de Disi la gata… jugaban con Piolín, el canario chiquitín”. Finaliza el libro con su burrito Séneca. Ese Séneca tan sabio… que vive en la escuela… que ha aprendido informática”, y con el que el poeta trabaja en estos días en sus horas administrativas de colegio añorando aquellos otros momentos de su niñez.

Y en ese nostálgico camino de retrospección a la infancia, el poeta nos muestra la escuela que él vivió, tan distinta a esta otra en la que hoy trabaja. En esta participa de manera especial en la animación a la lectura y adquisición de un lenguaje expresivo, a través de estos relatos poéticos de experiencias vivas: cuenta-cuentos, talleres de poesía… Y les lleva su libro vivo, en su voz, y acercando a sus alumnos la voz viva de otros poetas.

Y en el poema De niño iba a la escuela rinde un homenaje al MAESTRO público de aquellos años de pobreza económica y anímica. Aquellos maestros y maestras que tenían que enseñar a grupos tan diversos y con tanta escasez de medios, y presididos por tantos signos políticos y religiosos, bien merecen un gesto como el de Antonio Machado: “…a mis maestros guardo vivo afecto y profunda gratitud”

 A lo largo del poema expresa los escasos apoyos materiales, que eran la tónica general, del aula: mapas viejos, láminas roídas, la Enciclopedia o el Parvulito de Álvarez, el Catecismo…y, en la destartalada mesa del maestro, el timbre- aparato de llamada o aviso, la vara o palo de madera de olivo- el temor de los alumnos, la hucha para el Domund, junto al “moscardón” o aparato de “flix” que con cierta frecuencia utilizaba el maestro para contribuían a la salud infantil, espantando o eliminado a las “familiares, inevitables golosas, moscas vulgares” machadianas… Y los alumnos portaban en su cartera de tela hecha por la abuela, un jarrito de lata para la leche americana donada por “Mr. Marshall, un lápiz sin punta y una libreta, que no podía perderse porque iban identificadas en la portada con su: “Este cuaderno pertenece a, debajo del dibujo o foto de nuestros ídolos favoritos, bien del cine o del fútbol. Y sentados en aquellos pupitres de madera garabateados por doquier, con boquete donde se colocaba el frasco de tinta, con el que escribíamos nuestros reglones aún titubeantes y torcidos. Ambiente en el que se enseñaba cuando se podía: rudimentos de lectura, escritura, cálculo de las cuatros reglas, geografía, catecismo, historia y hasta alguna otra poesía agrícola popular al silabear el “to-ma-te” ¿Qué culpa tiene el tomate / que está tranquilo en la mata / que venga un tío matarate / y lo meta en la lata?

 Y no quiero dejar pasar la ocasión, con el permiso de nuestro poeta, para dar una precisa visión de este maestro al que menciona con su nombre y apodo de un familiar antepasado. Maestro digno de homenaje y admiración, pues en circunstancias adversas supo mantenerse y llevar su escuela lo mejor posible. Lo conocí siendo yo pequeño, aunque no alumno. Vecino muy respetado y querido por todos. Conversaciones fructuosas mantuve con D. José en mi adolescencia. Y, en mis años de estudio de magisterio, realicé las prácticas en su escuela. Y de los labios de este erudito profesional, de ideas progresistas en tiempos oscuros, recibí cariñosas palabras, sabías ideas, consejos pedagógicos y sensatas recomendaciones que mucho me sirvieron en mis años como docente.

Era como dice José Marcelo, “enjuto y serio”. Y yo añadiría también el “seco” machadiano, la alta y derecha estatura, sincera mirada fatigada, y su porte de seriedad, formalidad, humanidad, invitando a la serenidad en circunstancias adversas de la vida. Recuerdo muchas imágenes positivas de su quehacer diario, dentro y fuera de la escuela. Aquel pensador, taciturno, siempre con ropas oscuras, sentado en la penumbra del atardecer, en los alrededores del pueblo, o ese otro semiarrodillado en la iglesia de Santa Ana, cumpliendo con la entonces obligación de asistir a misa con los alumnos. Mi respetuoso cariño para este buen maestro.

 finalizo este prólogo, querido lector. Sólo me falta recomendarte, tanto si eres aún niño, como si ya has pasado esa edad maravillosa, que vivas esos primeros y tiernos años de tu vida con la lectura de estos mágicos poemas que nos brinda José Marcelo. Tal vez aniden en ti, de nuevo, la inocencia, la sencillez, la autenticidad y la felicidad de la niñez.

 

Cristóbal Martín Rivas

Licenciado en Literatura

 

LIBRO DE RELATOS BREVES “TARDES DE LLUVIA- ENSUEÑOS-” DEL POETA JOSÉ MARCELO RUIZ. PRESENTACIÓN DE ENRIQUE ZATTARA- EN TORROX- (MÁLAGA)

tardes-de-lluvia-ensuenos-001En el origen de todas las literaturas, encontramos la necesidad del ser humano de explicar los orígenes de la realidad y de sí mismos. La tarea que hoy asume la ciencia, y por debajo de su propio sustrato la lingüística y la filosofía. Las cosmogonía y las teogonías han sido, desde los oscuros tiempos de la literatura oral, la primera creación de imaginativos vates, sacerdotes de ancestrales religiones, profetas variados y- finalmente- de quienes plasmaron en los primeros textos escritos las tradiciones acumuladas de muchos siglos (o quizás milenios).

Los Uspanishad asirios, la Teogonía de Hesíodo, el Popol Vuh maya, o la Biblia judia y luego cristiana y musulmana, además de otras numerosas serie de textos que conocemos menos, desde el lejanísimo oriente chino hasta las áridas montañas norteamericanas, no son otra cosa que el producto de esta necesidad a través de la cual la imaginación se pone en marcha para constituir un universo a la medida de los hombres, en donde sea posible preservar la esperanza de poder comprender y comprendernos. De esas febriles y ricas imaginaciones, han surgido los textos primigenios de lo que han sido luego caudalosas religiones, algunas de ellas todavía en plena vigencia. Como dice Miguel de Unamuno y recoge José Marcelo en su prólogo: ·anhelamos la inmortalidad, y por ello creamos a Dios, para creer en ÉL”. La religión y la mitología nacen a través de la literatura, porque la palabra poética es lo que más se acerca a su lenguaje primitivo de la humanidad, antes incluso de la formación que estabiliza la gramática de las lenguas.

Con menos intención dogmática y, sí mucha intención poética, José Marcelo se propone en tardes de lluvia- ensueños recrear aquella práctica en que se fundamenta las cosmogonías. Como si hubiese querido desprenderse por un momento- el momento fértil de la lectura- de los milenios acumulados de progresivas racionalidades, para reubícarnos en el origen de nosotros mismos: Un tiempo “en donde el tiempo todavía no se cronometraba”, espacio esencial para crear y, para crear de la nada como Dios creó al mundo en casi todas las mitologías y como el primer poeta hizo surgir la realidad a través de la palabra. Un universo completo, que los hombres- el hombre que se ha hecho cargo de la tarea de contar- hemos habitado con la misión de dar testimonio.

El propio autor califica a su mitología- que no es otra cosa este libro- de textos “rescatados del lenguaje de lo onírico, donde la conciencia se duerme y deja paso al pensamiento oculto. Allí donde las imágenes afloran y no responden a la razón; pero nos acerca al vientre materno, al origen de lo que somos”.

Si todos somos- como tantos filósofos y poetas conjeturaron- sólo el sueño de Dios. ¿Por qué no podríamos ser capaces, dioses nosotros mismos, de soñar a su vez un Universo?

Así, José Marcelo va desplegando a lo largo de sus textos – narraciones constituidas por una escritura fuertemente de procedimientos poéticos- los orígenes de un Universo que puede o no ser el nuestro, pero que en todo caso deja la puerta de la mente abierta a todas las otras posibilidades que ofrece la imaginación. Si prescindimos del agobiante peso de los discursos convertidos en dogma por la tradición, ¿por qué otorgar más verosimilitud, en todo caso, al Génesis que a esta creación del poeta- José Marcelo- . Somos auténticos dioses, porque como las diversas mitologías generadas a lo largo de la historia, podemos dar vida con sólo pronunciar la palabra. Claro que siempre que aceptemos que esas vidas no son más que los sueños de un Morfeo que ni siguiera él sabe lo que está soñando. Porque Humano y Femina, dos de los personajes de este libro, adquieren la humanidad sólo cuando habita en ellos la Consciencia, ese espíritu poderoso “ que posee la cualidad de que siente, piensa, quiere y obra con conocimiento de lo que hace”. Aunque junto a Consciencia, penetre en ellos también Inconsciencia y se oculte en la zona más profunda del ser, desde donde actúa tantas veces, que los humanos no podamos controlar nuestros propios actos.

Un Universo nuevo, o el mismo Universo con origen en nuestros propios sueños, en nuestra propia Poesía, porque como asegura también el autor de estos textos- del amor de Pensamiento e Imaginación- nació la hija predilecta: La Poesía.

Ese es quizás el principal logro de “Tardes de lluvia- Ensueños”: provocar el gozoso descubrimiento de que en nosotros mismos, en el fondo de nuestra imaginación y de nuestros sueños, donde no hay ni origen ni final.

Y despertar la curiosidad, tal vez, de dejarnos llevar por los ensueños, hasta alcanzar ese sitio que ocupa la poesía: el que nos pone más cerca que nunca del vientre materno y del momento mítico en que la Nada se vuelve lenguaje para inventar la realidad en la que transcurrimos.

                                                                     Enrique Zattara

                                                                      (poeta)